TEXTOS MARIANOS PARA MEDITAR
1 El verbo encarnado:
Pero
al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, NACIDO DE MUJER, nacido bajo la ley, para rescatar a los
que estaban bajo la ley, y para que recibièramos la condición de hijos… (Gal 4,
4–6)
2 La plenitud de los tiempos:
Esta
plenitud señala momentos muy importantes de nuestro camino de salva ción:
+ momento
1: «…y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros» (Jn 1,14) haciéndose nuestro hermano».
+ momento
2: «Porque tanto amó Dios al mundo que dio su Hijo Unigénito para que todo el que crea en él no
perezca sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).
+ momento
3: «…al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamasa
Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de
David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando le dijo: «alégrate, llena
de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras y se
preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «no temas María,
porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a
dar a luz a un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y se
llamará Hijo del Altísimo y el señor Dios le dará el trono de David su padre;
reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin. María
respondió al ángel: ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? El ángel le
respondió: el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá
con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de
Dios. Mira, también Isabel tu pariente ha concebido un hijo en su vejez, y este
es el sexto mes de la que se decía que era estéril, porque no hay nada
imposible para Dios. Dijo María: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí
según tu palabra. Y el ángel, dejándola, se fue (Lc 1,25). BdeJ
+ Momento
4: Esta plenitud del tiempo hace que –por la entrada del Eterno en el tiempo–
él mismo tiempo se convierta en tiempo de salvación (Redentoris Mater, n/1 ERM).
3 Unión de Cristo y María:
–dice la ERM– están unidos indisolublemente Cristo y María:
él que es su Señor y su Cabeza y ella que –por su fiat– tomó la condición de
Madre y Esposa.
4 ¡De
esclavo a hijo y heredero!:
«Pero al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su
Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban
bajo la ley, y para que recibiéramos la condición de hijos. Y como sois hijos,
Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama Abba, Padre.
De modo que ya no eres esclavo sino hijo, y, si hijo, también heredero por voluntad de Dios.» (Gal 4, 4–5). (Cfr
Conc Vat II, Lumen Gentium n/52). BdeJ
5 Vigen María, madre de Jesucristo:
Este misterio de salvación nos fue revelado y continúa en la
Iglesia, que es su Cuerpo; los fieles unidos a su Cabeza, Cristo, deben venerar
en el sitial más alto la memoria de la gloriosa Vigen María, madre de
Jesucristo, nuestro señor (Ibidem LG).
6 Madre
del Redentor:
La Virgen María que recibió el Verbo de Dios en su alma y en
su cuerpo es reconocida y honrada COMO VERDADERA MADRE DE DIOS REDENTOR. Ella,
unida a su Hijo, está enriquecida con la suma prerrogativa de ser la Madre de
Dios–Hijo, y por ende la hija predilecta del Padre y el Sagrario del Espiritu
Santo. Es verdaderamente madre de los fieles (que son los miembros del cuerpo
de Cristo). Por este don de gracia eximia, está por encima de todas las
criaturas celestiales y terrenas (Ibidem LG).
7 Madre
amantísima nuestra:
Por todas estas extraordinarias condiciones, es saludada
como un miembro del todo singular de la Iglesia, su prototipo y modelo en la fe
y caridad y a quien la Iglesia Católica honra con filial afecto de piedad como
a madre amantísima (final del n/53 LG).
8 Función
de María en la economía de la salvación:
El Antiguo y Nuevo Testamento y la Tradición revelan la
función de la mujer madre del Redentor:
* Promesa de victoria: En el AT Se esboza ya victoria
sobre la serpiente: «Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu linaje y su
linaje: Ël te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar. A la mujer le
dijo: tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los
hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará. (Gn 3,15);
* La señal:
«Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: he aquí que una doncella está
encinta y va a dar a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel». (Is 7,14)
Miq 5,2–3/ «Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por
medio del profeta: ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá
por nombre Enmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros» (Mt 1,22).
* La realización: En fin (después de 8 siglos de
espera) en ella se cumple la plenitud de los tiempos, cuando el Hijo de Dios
asume de ella la naturaleza humana para librar a los hombres del pecado (Conc
Vat II, Lumen Gentium n/55).
9 Los
Padres de la Iglesia:
Los santos padres de la Iglesia, comúnmente, llamaron a
María Madre de Dios la toda santa e inmune de toda mancha desde el primer instante
de su concepción; la Virgen de Nazaret es saludada por el ángel como la
LLENA DE GRACIA (Lc 1, 28), saludo al que ella responde con «He aquí la esclava
del Señor, hágase en mí según tu palabra», con lo que fue hecha Madre de Jesús;
así se consagró totalmente como esclava del Señor, a la persona y obra de su
Hijo, sirviendo al Misterio de la Redención; no solo como instrumento sino como
cooperadora por la fe y la obediencia en la salvación humana, según los Santos
Padres. (Conc Vat II, Lumen Gentium n/56)
10 San
Ireneo dice:
«obedeciendo fue causa de su propia salvación y la de todo
el género humano». Por eso no pocos padres antiguos afirman con él: «el nudo de
la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María». Si la muerte
vino por Eva», María es la «madre de los vivientes;
11 Unión
íntima de Madre e Hijo:
La unión de Madre e Hijo –en la obra de la salvación– fue
íntima desde el momento de la concepción de Jesús, hasta su muerte. Así:
a) En la infancia de Jesús
+ «En aquellos días, se puso en camino
María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró
en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto oyó Isabel el saludo de María,
saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó llena del Espíritu Santo y exclamó
a gritos: "bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; ¿de dónde
a mí que venga a verme la madre de mi Señor? Porque apenas llegó a mis oídos la
voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. Feliz la que ha creído que
se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor» (Cfr Lc 1,
41); BdeJ
+ Y en el nacimiento de Jesús, cuando su
madre, llena de alegría, muestra a los pastores y a los Magos a su Primogénito
que, lejos de disminuir su integridad
virginal, la consagró (Lc 2,7/ Lc 2,16) «María, por su parte, guardaba todas
estas cosas y las meditaba en su corazón».
+ Cuando presentó a su Hijo al Señor y
oyó las predicciones de Simeón (Lc 2, 22-29). Su Padre y su madre estaban
admirados de lo que se decía de Ël. Simeón les bendijo y dijo a María, su
madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como
signo de contradicción, –y a ti misma una espada te atravesará el alma– a fin
de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones» (Lc 2, 33)
BdeJ
+ Cuando, perdido su Hijo, sus padres lo
hallaron en el templo ocupado en las cosas de su Padre, y no entendieron su
respuesta: María conservaba estas cosas en su corazón, como hechos celestiales
y muy amados (Lc 2, 41). (Lumen Gentium n/57)
b) En
el ministerio público:
+ Consiguió de Jesús el primer milagro en
beneficio de la fiesta de bodas de los recién casados; no obstante que «no había llegado su hora».
Su interés por ayudar en la fiesta de bodas a la que había sido invitada la
llevó a decir a su hijo: «no tienen vino» y eso bastó para adelantar “la hora”
que Jesús tenía señalada. El mejor vino está por venir (Jn 2, 1–11)
+ En la vida pública de Jesús, su madre
se mantiene a su lado, abrazando en su corazón todas sus enseñanzas;
c) En su pasión y muerte:
+ incluso en los momentos más lacerantes
de su vida (camino de la cruz, acompaña á su Hijo en los dolores más acerbos de
la crucifixión, agonía y muerte; al pie de la cruz;
+ «Junto a la cruz de Jesús estaba su
madre…Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice
a su madre: «mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: ahí tienes a
tu madre» y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa (Jn 19, 23)
(recibe a Juan como hijo, y éste la recibe como madre, por voluntad de Jesús).
+ Después de muerto, recibe su cuerpo para
la sepultura (La Pietá)
d) Después de la ascensión
+ «Entonces se volvieron a Jerusalén
desde el monte llamado de Los Olivos, que está próximo a Jerusalén, la
distancia de un camino sabático. Y cuando llegaron subieron a la estancia
superior, donde vivían… Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo
espíritu, en compañía de algunas mujeres, y de María la madre de Jesús…» (He 1,
14); (María imploraba con sus ruegos el Espíritu Santo el cual ya la había
cubierto con su sombra en la Anunciación).
+ Finalmente la Virgen, preservada de toda
culpa, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma al
cielo y enaltecida como Reina del Universo (Ap 19,16) por su Hijo, vencedor del
pecado y de la muerte.
12 La
virgen María y la iglesia
13 Esclava
del Señor en la obra de la redención y santificación:
EL
MAGNIFICAT (cántico de María)
«Alaba mi
alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque
ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava, Por eso desde ahora todas las
generaciones me llamarán bienaventurada, Porque ha hecho en mi favor cosas
grandes el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación
en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a
los de corazón altanero, Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los
humildes. A los hambrientos colmó de bienes Y despidió a los ricos con las
manos vacías. Acogió a Israel su siervo Acordándose de la misericordia en favor
de Abraham y de su linaje por los siglos. (Lc 1, 45–55)
¡Exultación
y alabanza a Dios, que pone sus ojos en la humildad de los que se reconocen
pequeños ante su grandeza! El «Fiat» de María es la explicación de su
«Magníficat».
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