Hermann
Hesse
Bruguera
S.A., Barcelona, 1972
En el amor, y singularmente
en la plenitud del amor a las cosas inmediatas (una piedra, un árbol, el
susurro del viento) está la compensación que equilibra espíritu e instinto, yo y
universo; en el secreto y silencioso retorno de Siddharta a los bosques, tras
su deslumbrante conquista del mundo ideológico y del cosmos material, que para
nada le sirven, están la verdadera liberación de todo vasallaje y la
identificación del hombre consigo mismo.
El último diálogo entre
Siddharta y su amigo Govinda es revelador: ¿Bromeas?
Inquirió Govinda. –No, digo lo que he
encontrado: el saber es comunicable, pero la sabiduría, no. No se la puede
hallar, pero se la puede vivir, nos sostiene, hace milagros; pero nunca se la
puede explicar ni enseñar. Esto era lo que ya de joven pretendía y lo que me
apartó de los profesores.
He encontrado otra idea que
tú, Govinda, seguramente tomarás por broma o chifladura, pero no, en realidad
se trata de mi mejor pensamiento. Es este: Lo
contrario a cada verdad es igual de auténtico. O sea, una verdad solo se puede
pronunciar y expresar con palabras si es unilateral. Y unilateral es todo lo
que se puede expresar con pensamientos y declarar con palabras; todo lo
unilateral; todo lo mediocre, todo lo que carece de integridad, de redondez y
de unidad.
Cuando el venerable Gotama
enseñaba el mundo por medio de palabras lo tenía que dividir en sansara y nirvana, en ilusión y verdad, en sufrimiento y redención. No es posible
otra forma para el que quiere enseñar. No obstante, el mundo mismo, lo que
existe a nuestro alrededor y en nuestro propio interior, nunca es unilateral.
Jamás un hombre o un hecho es del todo sansara o del todo nirvana, nunca un ser
es completamente santo o pecador.
Nos
parece que es así (solo sansara o solo nirvana) porque nos hacemos la ilusión
de que el tiempo es algo real. Y el tiempo no es real, Govinda, lo he
experimentado muchísimas veces. Y si el tiempo no es real, también el lapso que
parece existir entre el mundo y la eternidad, entre el sufrimiento de la bienaventuranza,
entre lo malo y lo bueno, es una ilusión.
¿Qué
quieres decir? Preguntó Govinda, angustiado. –Escucha bien, amigo. Escucha
bien. El pecador, que lo somos tú y yo, es pecador, pero algún día volverá a
ser Brahama, llegará a nirvana, será buda... (En el pensamiento budista
persona que ha alcanzado la sabiduría y el conocimiento perfecto). Y ahora fíjate bien: ese «algún día» es una
ilusión; ¡es solo metáfora! El pecador no está en camino hacia el budismo, no
se encuentra en un desarrollo, aunque no
lo podemos imaginar de otra forma. No. En el pecador, ahora y hoy, ya está presente
el buda futuro, todo su futuro, en él, en ti, en todo se debe respetar el
posible buda escondido.
El
mundo, amigo Govinda, no es imperfecto,
ni se encuentra en un camino lento hacia la perfección. No, él es perfecto en
cualquier momento. Todo pecado ya lleva en sí el perdón, todos los lactantes,
la muerte; todos los moribundos, la vida eterna.
En
la profunda meditación existe la posibilidad de anular el tiempo, de ver toda
la vida pasada, presente y futura a la vez, y entonces todo es bueno, perfecto:
es brahma. Lo que existe me parece bueno; creo que todo debe ser así, tanto la
muerte como la vida, el pecado o la santidad, la inteligencia o la necedad:
todo necesita unicamente mi afirmación, mi buena voluntad, mi conformidad de
amante: entonces es bueno para mí y nunca podrá perjudicarme. Necesitaba el
pecado, la voluptuosidad, el afán de propiedad, la vanidad, y he visto que
precisaba de la más vergonzosa desesperación para aprender a vencer mi
resistencia, para instruirme a amar al amundo, para no ompararlo con algún
mundo deseado o imaginado, regido por una perfección inventada por mí, sino
dejarlo tal como es y amarlo y vivirlo a gusto.
Estas
son, Govinda, algunas de las ideas que se me han ocurrido. Esta piedra
(Siddharta tomó una del suelo) justamente por eso la amo y le doy un sentido en
cada una de sus líneas y huecos; cada una es una piedra pero al mismo tiempo es
un Brahma. Pero... no me hagas hablar más sobre esto. Las palabras no son
buenas para el sentido secreto: en cuanto se pronuncia algo, ya cambia un
poquito, se lo falsifica; sí, y también esto es bueno; estoy muy de acuerdo que
lo que es tesoro y sabiduría de una persona, parezca a otra una locura...
No hay comentarios:
Publicar un comentario