1. Planteamiento del tema:
Nuestro amigo, Octavio Latorre, tuvo la bondad de prestarle a Lucita un libro titulado: La salvación viene de los Judíos, el papel del judaísmo en la Historia de la Salvación desde Abraham hasta la Segunda Venida, de Roy Schoeman, editado en Quito, 2009. Este libro me interesó desde el momento en que leí su título y más todavía cuando vi su contenido en el índice; de su lectura he podido dejar esta nota en el LdelaF.
El autor de este libro es un judío con importantes funciones dentro del Judaísmo internacional, que se convirtió a la religión católica y que hace suya la declaración de otro judío converso, Israel Zolli, quien al ser preguntado por qué había abandonado el Judaísmo, respondió: Yo no lo he abandonado. El Cristianismo es la culminación de la Sinagoga; la Sinagoga era una promesa, el Cristianismo es el cumplimiento de esa promesa. Estoy tan firme en esta verdad que puedo enfrentarme a todo el mundo y defender mi fe con la certeza y solidez de las montañas (pág 322).
Esta declaración, hecha con tanto énfasis, necesita algunos comentarios: el cumplimiento de una promesa, por sí mismo puede tener una relevancia mayor o menor, dependiendo de la que tenga la cosa prometida; en el Antiguo Testamento se pueden hallar muy numerosos casos de promesas hechas por Dios a su pueblo, pero solo una de la trascendencia que tiene la entrada de Jesús el Mesías y Redentor en el mundo. Por lo demás, si el Judaísmo entraña la Ley, el Cristianismo es la encarnación de la verdad y el amor (La ley fue dada por medio de Moisés; el amor y la verdad se han hecho realidad por medio de Jesucristo, Jn 1,17).
Entre Judaísmo y Cristianismo hay diferencias significativas: hecha la conversión al Catolicismo ¿será conveniente seguir anclado en el Judaísmo? Y lo que es más ¿será posible conservarse en el Judaísmo tomando en cuenta las diferencias que hay entre las dos religiones y los frecuentes puntos de rozamiento que se producirán al pretender convivir con las dos? El Dios Yavé o Jehová del que nos habla el Antiguo Testamento ¿es el mismo que el que nos ha sido revelado por la Palabra encarnada, según nos dice san Juan? (Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, es quien nos lo ha dado a conocer. (Jn 1, 18). En cuanto a las prácticas de vida: en el primero lo más importante es la Ley; en el segundo (Cristianismo) lo más importante es la verdad y el amor. Las relaciones con Dios, en el Cristianismo son personales, en el Judaísmo son grupales. En el Judaísmo Dios no se deja ver sino “la espalda”; en el Cristianismo Dios se deja comer, convirtiéndose en alimento. Todas estas cosas necesitan mayores análisis.
2. Análisis:
Puede sonar extraño que se sostenga que la salvación viene de los judíos, si se toma en cuenta algunos hechos: fueron los judíos contemporáneos de Jesús, los que –encrespados por el odio– trataron con rabia de arrancar de las autoridades romanas una sentencia de muerte contra Jesús, el único Salvador enviado por el Padre; en este propósito mortal no les movía a los Jefes del Pueblo un fin de caridad ni de bienestar para la nación; ni siquiera se puede afirmar que obraron el mal por error de buena fe: el Pretor romano, convencido de la furia siniestra de los Judíos, trató de convencerlos varias veces de la inocencia de Jesús de Nazaret; no obstante sus esfuerzos por liberar a Jesús, la furia del pueblo iba creciendo; se le ocurrió un argumento: ¿A quién quieren ustedes que les ponga en libertad. A Barrabás o a Jesús? Porque se había dado cuenta de que lo habían entregado por envidia (Mt 27,17).
Mientras Pilato estaba sentado en el tribunal, su esposa mandó a decirle: No te metas con ese hombre justo, porque añoche tuve un sueño horrible por causa suya (Mt 27,19ss). Pero los Jefes de los sacerdotes y los Ancianos convencieron a la multitud de que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Entonces el Gobernador les preguntó otra vez: ¿A cuál de los dos quieren ustedes que les ponga en libertad? Ellos dijeron: A Barrabás. Pilato les preguntó ¿y qué voy a hacer con Jesús que llaman el Mesías? Todos constataron –¡Crucifícale! –Pilato les dijo: Pues ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos volvieron a gritar –Crucifícale. Cuando Pilato vio que no conseguía nada, sino que el alboroto era cada vez mayor, mandó traer agua y se lavó las manos delante de todos diciendo: no soy responsable de la muerte de este hombre: es cosa de ustedes (Mt 27,20ss). Toda la gente contestó: –¡Nosotros y nuestros hijos nos hacemos responsables de su muerte! Entonces Pilato dejó libre a Barrabás, luego mandó azotar a Jesús y lo entregó para que lo crucificaran.
En otro escenario, Judas, el que había traicionado a Jesús, al ver que lo habían condenado, tuvo remordimientos y devolvió las 30 monedas de plata a los Jefes de los sacerdotes y a los Ancianos, diciéndoles: ¡He pecado entregando a la muerte a un hombre inocente! Pero ellos le contestaron: «¿Y eso qué nos importa a nosotros? ¡Eso es cosa tuya. Entonces Judas arrojó las monedas en el templo, y fue y se ahorcó. ». ¡Un macabro ajuste de cuentas entre judíos! Pero, al menos, queda en claro que Judas reconoció su pecado, como se echa de ver en su reconocimiento de la inocencia de Jesús y en la devolución de aquellas monedas que le quemaban en sus manos y en su conciencia. La actitud de los Jefes de los Sacerdotes y de los Ancianos y del mismo pueblo judío que vociferaba ante Pilato, fue diametralmente distinta: a éstos importó un comino el reconocimiento de la inocencia de Jesús, por parte de Judas y la devolución de las monedas, señal de un arrepentimiento total.
Todos estos agentes de la iniquidad (salvo Pilato, la gente que sevía en la Gobernación y la mujer del Gobernador romano) eran judíos y más judíos, que probablemente pensaban que, si no eliminaban a Jesús, su poder y autoridad ante el pueblo, iba a terminar para siempre. Si esto es así ¿podrá decirse que la Salvación viene de los Judíos? Claro que la pasión y muerte de Jesús cumplía con los designios del Padre, de lograr la redención del mundo; ¡pero fueron precisamente judíos los que fungieron como ejecutores siniestros de la pasión y muerte del hombre más justo que pisó nunca el planeta tierra!
3. os testimonios pesados:
(i) Jesús, poco antes de su muerte, camino de Jerusalén, contempló esta ciudad a lo lejos y la apostrofó así: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los mensajeros que Dios te envía! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como una gallina junta a sus pollitos bajo las alas, pero no quisiste. Pues miren, el hogar de ustedes va a quedar abandonado y les digo que no volverán a verme hasta que llegue el tiempo en que ustedes digan: ¡bendito el que viene en nombre del Señor! (Mt 23,37 y Lc 13, 34). Este apóstrofe de Jesús tiene dos partes, la primera contiene los epítetos fuertes que Jesús aplica a Jerusalén cuando le apostrofa de “matadora de profetas” y de “apedreadora de mensajeros de Dios”; la segunda parte es una profecía de castigo cuando le dice: el hogar de ustedes va a quedar abandonado, o sea, desierto, después de la muerte de Jesús, hasta cuando llegue el tiempo de su arrepentimiento total que les haga decir: ¡bendito el que viene en nombre del Señor! Tiempo que no sabemos cuándo llegará.
(ii) El evangelista Juan, el clarividente de los misterios de Dios, nos dice en el Cap 1, 11 (al comienzo mismo de su testimonio): Aquel que es la Palabra, Dios mismo, estaba en el mundo; y, aunque Dios hizo el mundo por medio de El, los que son del mundo no le reconocieron. Vino a su propio mundo, pero los suyos no le recibieron. Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios. El que cree en el Hijo de Dios no está condenado, pero el que no cree ya ha sido condenado por no creer en el Hijo Único de Dios (Jn 3, 18). ¿A quienes se refiere Juan, que hayan recibido o dejado de recibir al Hijo único de Dios? A todos absolutamente que hayan creído o dejado de creer en el Hijo de Dios. Por consiguiente a nosotros nacidos en el siglo XX, pero con mayor razón a todos los anteriores y contemporáneos de Jesús, sean judíos o no, ¡pero con mayor razón a los judíos! Si los judíos no creyeron es porque prefirieron la Ley de Moisés y no la verdad y el amor de Jesucristo: (De sus grandes riquezas todos hemos recibido, bendición tras bendición. La ley fue dada por medio de Moisés; el amor y la verdad se han hecho realidad por medio de Jesucristo (Jn 1,16). El judío es muy solidario con sus raíces religiosas y étnicas, lo que le hace adoptar posiciones como las del judío Israel Zolli.
4. otros puntos de vista:
Como se ve, este asunto es humana y teológicamente muy complejo, pero hay que tratar de ahondar más el tema, tomando en cuenta que Jesús mismo, el Salvador, era judío descendiente de David.
a) Los primeros cristianos después de la resurrección de Cristo, son todos judíos, judíos de raza y de religión: María la madre de Jesús, los apóstoles, las mujeres que acompañaban a Jesús, los evangelistas, los primeros discípulos, los primeros convertidos al evangelio de Cristo crucificado a raíz de Pentecostés, y nada menos que Pedro y Pablo de Tarso: ellos pertenecen también a esta larga lista …Este grupo inicial es el que formó la primera Iglesia.
b) Para todos estos que ahora son seguidores de Jesús y que, antes, vivían dentro de la Alianza establecida por Jehová con el pueblo judío, el Antiguo testamento era la promesa del Redentor que vendría, y el Nuevo testamento, la realización de la promesa en la plenitud de los tiempos. Así, pues, Jesucristo –el Mesías Redentor– era la meta última en el camino de la fe y no sólo el complemento ni suplemento del Judaísmo.
c) Es interesante conocer el pensamiento de Israel Zolli el Rabino-Jefe de Roma, que parece sintetizar el de los demás judíos conversos, quien respondió, cuando se le preguntó por qué había abandonado el Judaísmo: Yo no lo he abandonado. El Cristianismo es la culminación de la Sinagoga; la Sinagoga era una promesa, el Cristianismo es el cumplimiento de esa promesa. Estoy tan firme en esta verdad que puedo enfrentarme a todo el mundo y defender mi fe con la certeza y solidez de las montañas (pág 322).
d) En este tema tan complejo no podemos dejar de estudiar el pensamiento de Pablo de Tarso, otro judío convertido, esta vez, por el mismo Jesús resucitado en el camino de Damasco:
1. (Rom 9, 1ss): « Digo la verdad en Cristo, no miento –mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo– siento una gran tristeza y un dolor incesante en el corazón. Pues desearía ser yo mismo maldito, separado de Cristo, por mis hermanos los de mi raza según la carne; de ellos es la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas y los patriarcas, de ellos también procede Cristo, según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén » .
¡Una explosión entrañable de solidaridad vital de Pablo con sus hermanos de raza, según la carne! Y lo más importante para nuestros estudio: ellos siguen siendo la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas y los patriarcas, de ellos también procede Cristo, según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, etc. Esta es una enumeración de los privilegios, prácticas y tradiciones de los Judíos, y lo último, el hecho de que Cristo proceda de ellos, de lo que Pablo está muy orgulloso, puede ser un argumento decisivo para Pablo porque él es todo de Cristo, pero no lo es para los Judíos, que a pesar de todo no creen en El. Podría resultar, más bien, un argumento contra ellos. La fe en Cristo es muy importante según el texto de Jn 3, 18. Tómese en cuenta que la carta a los Romanos es del año 57-58, es decir, es decir mucho antes que el evangelio de Juan.
2. (Rom 11,1ss): «Y pregunto yo: ¿es que ha rechazado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! Que también yo soy israelita del linaje de Abraham de la tribu de Benjamín. Dios no ha rechazado a su pueblo a quien conoció de antemano». Dios no ha rechazado a los Judíos indistintamente, sino a aquellos que no han creído en el Hijo único de Dios, sean judíos o no.
3 (Rom 11, 2): «¿O es que ignoráis lo que dice la escritura acerca de Elías, cómo se queja ante Dios contra Israel? Señor, han dado muerte a tus profetas, han derribado tus altares, y he quedado solo yo, y acechan contra mi vida. Y ¿Qué responde el oráculo divino? Me he reservado 7.000 hombres que no han doblado la rodilla ante Baal. Pues bien, del mismo modo también al presente subsiste un resto elegido por gracia. Y si es por gracia, ya no lo es por las obras. Entonces ¿qué? Que Israel no consiguió lo que buscaba; mientras lo consiguieron los elegidos. Los demás se endurecieron, como dice la Escritura: Dioles Dios un espíritu de embotamiento: ojos para no ver y oídos para no oír hasta el día de hoy. David también dice: conviértase su mesa en trampa y lazo, en piedra de tropiezo y justo pago, oscurézcanse sus ojos para no ver; agobia sus espaldas sin cesar».
Este texto traído por Pablo confirma lo que venimos diciendo: subsiste un resto de elegidos por gracia, ya no por las obras, que no han endurecido su corazón.
4 (Rom 11,11): «¿Es que han tropezado para quedar caídos? De ningún modo! Sino que su tropiezo ha traído la salvación de los gentiles, para llenarlos de celos. Y, si su caída ha sido una riqueza para el mundo, y su mengua riqueza para los gentiles ¡qué no será su plenitud!».
¿Será que la salvación de los gentiles no se hubiera hecho sin los pecados de los judíos? ¿Hay aquí el mismo sentido de las “Lamentaciones”: feliz culpa (pecado) que nos mereció un tal Salvador?, es decir, una como hipérbole entusiasta, que le hace al autor de las Lamentaciones proferir en una felicitación por el pecado.
5 (Rom 11,13): « Os digo, pues, a vosotros los gentiles: por ser yo verdaderamente apóstol de los gentiles, hago honor a mi ministerio, pero con la esperanza de despertar celos en los de mi raza y salvar a alguno de ellos. Porque si su rechazo ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos? »
Pablo, al ejercer el ministerio entre los gentiles, quiere despertar celos entre los de mi raza y salvar a algunos de ellos… ¿Un deseo desalado de ayudar a su gente?
6 (Rom 11, 16): « Y si las primicias son santas, también la masa y, si la raíz es santa, también las ramas. Que si algunas ramas fueron desgajadas mientras tú –olivo silvestre– fuiste injertado en su lugar, hecho partícipe con ellas de la raíz y de la savia del olivo, no te engrías contra las ramas. Y si te engríes, sábete que no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz quien te sostiene. Pero dirás: las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. ¡Muy bien! Por su incredulidad fueron desgajadas, mientras tú por la fe te mantienes. ¡No te engrías, más bien teme! Que, si Dios no perdonó a las ramas naturales, no sea que tampoco a ti te perdone. Así, pues, considera la bondad y la severidad de Dios: severidad con los que cayeron, bondad contigo, si es que te mantienes en la bondad; que, si no, también tú serás desgajado ». Estamos totalmente conformes con la doctrina del apóstol Pablo.
7 (Rom 11, 23): « En cuanto a ellos (los Judíos), si no se obstinan en la incredulidad, serán injertados; que poderoso es Dios para injertarlos de nuevo. Porque si tú fuiste cortado del olivo silvestre que eras por naturaleza, para ser injertado contra tu natural en un olivo cultivado, ¡con cuánta más razón ellos, según su naturaleza, serán injertados en su propio olivo ».! Los judíos, si no se obstinan en su incredulidad, volverán a ser aceptados por Jesucristo, como lo han sido los gentiles.
8 (11,25ss): « Pero no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, no sea que presumáis de sabios: el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel durará hasta que entre la totalidad de los gentiles, y así, todo Israel será salvo, como dice la Escritura: “vendrá de Sion el Libertador; alejará de Jacob las impiedades. Y esta será mi alianza con ellos, cuando haya borrado sus pecados” ». No sabemos cuándo sucederá todo esto.
9 (Rom 11, 28): « En cuanto al Evangelio (a su falta de aceptación), (los judíos) son enemigos para vuestro bien; pero en cuanto a la elección (por la gracia de Dios), amados en atención a sus padres. Que los dones y la vocación de Dios son irrevocables. En efecto, así como vosotros fuisteis en otro tiempo rebeldes contra Dios, mas al presente habéis conseguido misericordia a causa de su rebeldía (la de ellos), así también ellos al presente se han rebelado con ocasión de la misericordia otorgada a vosotros a fin de que también ellos consigan ahora misericordia. Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de misericordia ».
¡Discurso difícil el de San Pablo, que ha jugado con la idea de que Dios saca de los males, bienes, del pecado, virtudes, bordeando por los caminos del libre albedrío de las personas y de sus responsabilidades; tema que es, como él mismo lo dice, el misterio de Dios.
10 (Rom 11,33): Por eso la exclamación de Pablo en el último párrafo de este capítulo 11: « ¡Oh abismo de riqueza, de sabiduría y ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos! En efecto ¿Quién conoció el pensamiento del Señor? O ¿Quién fue su consejero? O ¿Quién le dio primero que tenga derecho a la recompensa? Porque de él, por él y para él son todas las cosas. ¡A él la gloria por los siglos! Amén ».
5. Una conclusión general: Es discutible la posición que hemos encontrado en el libro que acabamos de comentar: “La salvación viene de los Judíos, el papel del judaísmo en la Historia de la Salvación desde Abraham hasta la Segunda Venida”, de Roy Schoeman, editado en 2009. La posición era que: Yo no he abandonado el Judaísmo. El Cristianismo es la culminación de la Sinagoga; la Sinagoga era una promesa, el Cristianismo es el cumplimiento de esa promesa. Estoy tan firme en esta verdad que puedo enfrentarme a todo el mundo y defender mi fe con la certeza y solidez de las montañas (pág 322).
Discutible, porque no parece conveniente, y quizá tampoco posible, la militancia simultánea en dos religiones, ligadas entre sí, pero distintas en muchos aspectos; en esta militancia simultánea habrá rozamientos inevitables y probablemente contradicciones, que siempre resultarán perjudiciales.
Jorge Andrade
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