Notas sobre JdeN

JESÚS DE NAZARET: PRIMERAPARTE                 11/mayo/2012
por el Card. Joseph Ratzinger (Breves notas)  jan

Toda la obra es rica en profundidad, erudición, información bíblica y entusiasmo en el tramamiento de los temas. Las notas que siguen solo son resúmenes fieles de lo que me ha llamado más la atención.

PRÓLOGO (HERMENÉUTICA)
Los conceptos del Prólogo, relacionados con hermenéutica bíblica, son impresionantes; tocan a las raíces mismas de la fe cristiana, y, dichas nada menos que por un Papa, revelan humildad y valentía en el teólogo Ratzinger, que infunden mucho respeto:

i.    dice que en los años treinta y cuarenta había «toda una serie de obras fascinantes sobre Jesús»: Karl Adam, Romano Guardini, Franz Michel William, Giovani Papini y otros, que presentaban al Jesús de los evangelios: cómo vivió en la tierra y cómo llevó a los hombres a Dios, con el cual era uno en cuanto Hijo. Así, Dios se hizo visible a través del hombre Jesús y, desde Dios, se pudo ver la imagen del auténtico hombre.

ii.    En los cincuentas las cosas comenzaron a cambiar: una grieta entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe se iba haciendo cada vez más profunda. Así ¿Qué podía ser la fe en Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios vivo, si el hombre Jesús era tan diferente del que proponen los evangelistas y del que propone la Iglesia, a base de los evangelios?

iii.    Los avances de la investigación históricocrítica llevaron a distinciones cada vez más sutiles entre los diversos estratos de la tradición. La figura de Jesús, en la que se basa la fe, se iba haciendo nebulosa y perdía su perfil. Y claro, las reconstrucciones de este Jesús, a partir de las tradiciones de los evangelistas y sus fuentes, eran contrastantes: desde el anti romano revolucionario que quería derrocar al poder establecido y clarofracasa, hasta el moralista benigno que todo lo aprueba y termina incomprensiblemente en la ruina. Eran como fotografías, más que de Jesús, de las imágenes que se habían formado sus autores.

iv.    En suma, aumentaba la desconfianza y quedaba la impresión de que sabemos pocas cosas ciertas sobre Jesús y de que la imagen que nos hemos formado de Él se debe sólo a la fe en su divinidad. Esta incertidumbre, a la final, ha calado en la conciencia de la cristiandad y esta situación se hizo preocupante.

v.    El exegeta católico quizá más importante de la segunda mitad del siglo 20, rudolf schnackenburg, consciente del peligro para la fe y ante la ausencia de un remedio, emprendió en su último gran libro (alemán): La persona de Jesucristo reflejada en los 4 evangelios. Tras toda una vida de investigación, Schnackenburg llega a esta conclusión: «que mediante los esfuerzos de la investigación con métodos histórico–críticos no se logra –o se logra de modo insuficiente– una visión fiable de la figura histórica de jesús de nazaret (p.348); el esfuerzo de la investigación exegética por identificar estas tradiciones y llevarlas a lo históricamente digno de crédito…nos somete a una discusión contínua sobre la historia de las tradiciones y redacciones que nunca se acaba».

vi.    Las exigencias de este método que él considera necesario e insuficiente hacen que en la determinación de la figura de Jesús haya cierta discrepancia. Schnackenburg nos muestra la imagen del Cristo de los evangelios, pero la considera formada por distintas capas de tradición superpuestas; a través de ellas sólo se puede ver de lejos al verdadero Jesús. Se presupone el fundamento histórico, pero éste queda rebasado en la visión de fe de los Evangelios. Nadie duda de ello, pero no queda claro hasta dónde llega el fundamento histórico.

vii.   Sin embargo Schnackenburg ha dejado claro como dato verdaderamente histórico el punto decisivo: el ser de jesús relativo a dios y su unión con él. Sin su enraizamiento en Dios, la persona de Jesús resulta vaga, irreal e inexplicable. Este es también mi punto de partida, dice el Papa. Pero en la descripción de la figura de Jesús he tratado de ir más allá de Schnackenburg. Añade que se siente vinculado al «método histórico–crítico» (MHC), al que la encíclica Divino afflante Espíritu había señalado para la interpretación de la teología católica. Desde entonces los métodos han progresado dentro y fuera de la Iglesia Católica. Un paso decisivo se encuentra en la Constitución Dei Verbum, sobre la revelación. También aportan mucho dos documentos de la Pontificia Comisión Bíblica: La Interpretación de la Biblia en la Iglesia (1993) y El Pueblo Judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia Cristiana (2001).

¿Orientaciones metodológicas resultantes de estos documentos?

a.   El MHC es y sigue siendo irrenunciable en el trabajo exegético: la fe bíblica se refiere a hechos y no a leyendas; el factum historicum no es una clave simbólica sino un fundamento constitutivo; con el incarnatus est profesamos la entrada de Dios en la historia; si la historia forma parte esencial de la fe, débase afrontar el método histórico. Así lo dice la Dei Verbum en su # 12. Mucho más detallada es la Pontificia Comisión Bíblica.

b.   No obstante, si el MHC es una de las dimensiones fundamentales de la exégesis, no agota el cometido de la interpretación para quien sabe que en los textos bíblicos está la única Sagrada Escritura, y es inspirada por Dios.

c.   1. Si el MHC es fiel a sí mismo, no solo debe estudiar la palabra como hecho del pasado, sino además dejar la palabra en el pasado; no puede hacerla actual, de hoy. En la precisión de la explicación de lo que pasó reside su fuerza, pero también su limitación.

2. Otra limitación: como método histórico, presupone la uniformidad del contexto en el que se insertan los hechos y, por tanto, debe tomar las palabras que estudia, como palabras humanas.

3. Estudia cada libro de la Escritura en su momento histórico y luego los subdivide según sus fuentes; pero la unidad de todos los libros con la única «Biblia» no resulta del método.

d.    Con esto se ha señalado la importancia del MHC y, por otro, sus limitaciones. Así se ha visto –ojalá– que este método por su naturaleza remite a algo que lo supera: en la palabra pasada se puede oír la pregunta sobre su hoy;  en la palabra humana, resuena un soplo más grande;  los diversos textos bíblicos remiten –de algún modo– al proceso vital de una Única Escritura.

e.    A base de estas observaciones se ha inaugurado en América Latina el «proyecto de la exégesis canónica», que quiere leer los textos bíblicos en el contexto de la Única Escritura, con lo que se ven los textos bajo una nueva luz. Así enseña la Dei Verbum del Cc Vaticano II y añade que se han de tener en cuenta también la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe (Cfr Dei Verbum #12).

      1. Respecto de la unidad, la exégesis moderna ha mostrado que las palabras de la Biblia se convierten en Escrituras, a través de un proceso de relecturas cada vez nuevas: los textos antiguos se retoman en una situación nueva, leídos y entendidos de manera nueva. La formación de la Escritura se configura como un proceso de la palabra que abre sus potencialidades internas, que estaban ya como semillas y que se abren ante el desafío de situaciones nuevas, nuevas experiencias y nuevos sufrimientos.
       2. Quien observa este proceso desde el eje Jesucristo, puede reconocer que en su conjunto sigue una dirección, que el Antiguo y Nuevo Testamento están correlacionados. La hermenéutica cristológica que ve en Jesucristo la clave de todo el conjunto y a partir de él entiende la Biblia como unidad, presupone una decisión de fe y no puede surgir del mero método histórico. Pero esta decisión de fe tiene su razón –una razón histórica.
      3. La Exésis Canónica la lectura de los diversos textos de la Biblia en el marco de su totalidadno se opone al MHC sino que lo desarrolla de un modo orgánico y lo convierte en verdadera teología. Hay dos aspectos más de la exégesis teológica:
      4. Toda palabra humana de cierto peso encierra un sentido mayor del que su autor podía ser consciente. Este valor añadido resulta más válido para las palabras que han madurado en el proceso de la historia de la fe. Con él el autor habla a partir de una historia común en la que está inmerso y en el que ya están presentes las posibilidades del futuro y de su camino posterior. El proceso de leer y desarrollar las palabras no habría sido posible si las aperturas intrínsecas no hubieran estado ya presentes en las palabras mismas. En este punto podemos intuir lo que es la inspiración: el autor no habla como sujeto privado, sino en una comunidad viva y en un movimiento histórico vivo que ni él ni la colectividad han construido sino en que actúa una fuerza directriz superior.
       5. El segundo aspecto: los libros de la Escritura y ésta en su conjunto no son solo literatura. Ha surgido del Pueblo vivo de Dios y vive en él. Estos libros –se puede decir– que remiten a tres sujetos: (i) al autor o autores a los que se deben, los cuales no son autónomos sino que se deben al sujeto común, Pueblo de Dios, para el cual y desde el cual hablan; este Pueblo de Dios resulta el verdadero y profundo autor de las Escrituras. Ni este Pueblo es autosuficiente sino guiado por Dios que es el que –en el fondo– habla a través de los hombres. La relación con el sujeto pueblo de Dios es vital: por un lado, esta Escritura es la pauta que viene de Dios y la fuerza que indica el camino al pueblo; pero por otro, vive solo –en este pueblo el que se trasciende a si mismo en la Escritura y así –en la profundidad definitiva en virtud de la Palabra hecha carne– se convierte precisamente en Pueblo de Dios. El Pueblo de Dios –la Iglesia– es el sujeto vivo de la Escritura (Cfr JdeN I, p.17 vuelta).

bautismo de Jesús

1.    Cap. 1: el bautismo de Jesús: Con él comienza su vida pública. ¿Cuándo? Mateo: No obstante la genealogía de Jesús, la fecha del bautismo no es precisa: “Por aquellos días…” esto es suficiente para este autor judeocristiano. Lucas en cambio: enmarca esto en la historia universal y da una fecha precisa: Jesús tenía 30 años; en su genealogía (que no está al comienzo del evangelio) va desde Jesús hacia el pasado llegando a Adán y Dios: resalta la misión universal de Jesús, hijo de Adán, Hijo del Hombre. La humanidad tiene su nuevo inicio.

Respecto del Bautista, al comienzo de la vida pública de Jesús, dice: en el año 15 del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes virrey de Galilea, su hermano virrey de Iturea, etc., con lo que se ubica a Jesús en la historia universal, como hecho histórico. Además, frente al imperio romano, el poder judío se ha desmoronado. Israel vive en el silencio de Dios y no tiene un profeta. Por eso está bullicioso e inquieto. (p.34)

GRANDES IMÁGENES JOÁNICAS

2.    Cap.8 las grandes imágenes del evangelio de juan. Introducción: la Cuestión joánica.

Consiste en que el misterio de la unidad de Jesús con su Padre, según los sinópticos, está siempre presente, pero oculto bajo su humanidad, cosa de la que se han percatado amigos y enemigos de Jesús. En Juan la divinidad de Jesús aparece sin tapujos. Esta diferencia entre sinópticos y Juan (en este no hay parábolas sino discursos grandes centrados en imágenes, cuyo escenario no es Galilea sino Jerusalén) ha llevado a la crítica moderna a negar la historicidad del texto y a tenerlo como una reconstrucción teológica posterior: cristología desarrollada, pero no fuente del conocimiento de Jesús.

Como el mensaje de Juan es trascendental (la Trinidad, divinidad de Jesús, unidad trinitaria y eclesial, la redención) y no compartido por los sinópticos, este tema ha tenido para mí mucha importancia. Por eso, después de leer la “Cuestión Joánica” de este Cap.8, copio el siguiente párrafo de Ratzinger que es la conclusión de un largo, tortuoso y formidable discurso sobre las diversas opiniones de los críticos acerca de la autoría de Juan y acerca del valor histórico de este evangelio: “Puedo suscribir -dice Ratzinger en la p.270- la conclusión final que Peter Stuhlmacher ha sacado de los datos aquí expuestos. Para este crítico «los contenidos del Evangelio se remontan al discípulo a quien Jesús (de modo especial) amaba. Al “Presbítero” Juan hay que verlo como su trasmisor y portavoz (II, p.206)”. En el mismo sentido se expresan Eugen Ruckstuhl y Peter Duschulnigg: «El autor del Evangelio de Juan es, por así decirlo, el administrador de la herencia del discípulo predilecto» , Ibidem p.207”.

Esta conclusión, avalada por tan altas autoridades y por el mismo Ratzinger, tranquiliza: los contenidos, es decir, la sustancia evangélica es sin duda de Juan; los continentes, es decir, la forma, estilo, redacción, pueden deberse a la colaboración del “Presbítero Juan”.

NOTA: La “cuestión joánica”, tal como aparece tratada en la introducción al Evangelio de Juan en la Biblia Latinoamericana, es muy distinta de la que describe aquí Ratzinguer.

SEGUNDA PARTE:
Desde la entrada en Jerusalem hasta la Resurrección

PROLOGO Hermenéutica:

i.    En 200 años de trabajo exegético la Interpretación Histórico Crítica (IHC) ha dado ya lo que tenía que dar. Si la exégesis bíblica científica no quiere seguir agotándose más (haciéndose teológicamente insignificante), debe dar un paso nuevo volviéndose a reconocer como disciplina teológica, sin renunciar a su carácter histórico. Dicha exégesis ha de reconocer que no es expresión de la única razón válida sino solo una determinada racionabilidad históricamente condicionada; y que una hermenéutica de la fe es conforme al texto y puede unirse con una hermenéutica histórica, consciente de su límites, para formar una totalidad metodológica.
ii.    Esta articulación entre dos hermenéuticas muy diferentes es algo que debe realizarse siempre de nuevo, pero es posible.
iii.   No pretendo que en mi libro esté ya acabada esta integración, pero espero haber dado un nuevo paso. En el fondo es retomar los principios de la C. Dei Verbum #12 del Cc Vaticano II, en lo que poco o nada se ha hecho.

GETSEMANÍ

1    Getsemaní: voluntad de Jesús vs voluntad del Padre. ¿Qué significa esto? Quiénes confrontan sus voluntades? ¿El Padre y el Hijo? o ¿el hombre Jesús y Dios? Estamos frente al misterio interior de Jesús. De ahí la búsqueda apasionada de la Iglesia antigua para comprender la figura de Jesús.
   El Concilio (Cc) de Nicea aclaró: Las 3 personas, –Padre, Hijo y Espíritu Santo– son uno en la única sustancia de Dios.
  El Cc de Calcedonia –100 años después– trató de entender la unión de la divinidad y humanidad en Jesucristo con la fórmula: «en él, la única persona del Hijo de Dios lleva consigo y comprende las dos naturalezas humana y divina sin confusión ni división». Así:
    i/    se preserva la diferencia infinita entre Dios y el hombre, porque
    ii/  la humanidad permanece humanidad y la divinidad sigue siendo divinidad;
iii/ en Jesús la humanidad no es absorbida por la divinidad sino que
iv/ existe completa como tal, sin embargo, sostenida por la Persona del Logos.
v/ en la diversidad de naturalezas con la «única Persona» se expresa la unidad radical que Dios, en Cristo, ha formado con el hombre. Esta fórmula –dos naturalezas, única Persona– fue acuñada por el Papa León Magno y tuvo el asentimiento entusiasta de los padres conciliares.

  Pero su significado no había sido sondeado: ¿Qué es naturaleza? Sobre todo ¿qué es persona? La fórmula seguía oscura (p.188) y también las discusiones. Finalmente, ha quedado la división: Roma y Bizancio han aceptado la fórmula. Alejandría prefiere la fórmula: una naturaleza «divinizada» (monofisismo): Siria, escéptica ante «una persona» porque esto parece comprometer la humanidad real de Jesús.
   El Cc de Calcedonia sigue siendo la indicación vinculante de la vía que introduce en el misterio de Jesucristo. Pero debe ser «adquirida» de nuevo ante cambios conceptuales sobre naturaleza y persona, distintos de los de entonces. Un acuerdo es indispensable, pues toca el centro neurálgico de la fe: ¡el Dios hecho hombre en Jesucristo!
   La diferencia postcalcedoniense es: si en Jesús hay una sola persona divina que comprende dos naturalezas, ¿qué sucede con la naturaleza humana? ¿Cómo puede ser tal, si es absorbida por lo divino, al menos en el componente superior, la voluntad? Así, la última gran herejía se llama «monotelismo», porque una persona con dos voluntades sería esquizofrénica. En Jesús hay, pues, una sola voluntad divina. Pero, en contrario, un hombre sin voluntad no es hombre. Las discusiones parecen irreconciliables.
   El gran teólogo bizantino, Máximo el Confesor, tiene la respuesta: la naturaleza humana de Jesús no queda amputada por su unidad con el Logos, sino completa. La voluntad humana y divina en Jesús no lleva a la esquizofrenia. Esto significa que hay en Jesús la «voluntad natural» propia de la naturaleza humana, pero hay una sola «voluntad de la persona» que acoge a la voluntad natural. Esto es posible sin destruir la voluntad humana porque, a partir de la creación, la voluntad humana está orientada a la divina y, al ser asumida por ésta, se perfecciona en vez de destruirse.
   Así, el drama de Getsemaní está en que Jesús rescata la voluntad natural de hombre de la oposición que por el pecado tienen a la voluntad divina, y la restaura de este modo a su grandeza. En la voluntad natural humana está –si cabe– toda la resistencia de la naturaleza humana contra Dios: Jesús, con su lucha, lleva a la naturaleza recalcitrante a su verdadera esencia.

CARTA A LOS HEBREOS

2    oración del huerto y carta a los hebreos: No podemos prescindir de esta carta. En ella se lee: El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal, ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente y, aun siendo Hijo, por los padecimientos aprendió la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios sumo sacerdote a la manera de Melquisedec (Hb 5,7)
i.    Se trata siempre del encuentro de Jesús con el poder de la muerte, cuyo abismo percibe en toda su profundidad y terror. ¡Cómo se parece este terror al que el hombre ha sentido siempre frente a la muerte, decretada en el paraíso terrenal!
ii.   Al considerar a la pasión de Jesús como una «agonía» (lucha) con Dios Padre y con la propia naturaleza humana, esta Carta manifiesta así la profundidad teológica de la oración en Getsemaní. Para la Carta este gritar y suplicar es el ejercicio del sumo sacerdocio de Jesús: llevar la zozobra del ser hombre a Dios.
iii.   El autor de la Carta ha puesto de manifiesto el aspecto más profundo del acto del sacrificio: «se ofreció para hacer la voluntad del Padre», como expresa este pensamiento Albert Vanhoye.
iv.   La otra idea importante es que Jesús –aun siendo Hijo– por los padecimientos aprendió la obediencia y así ha sido hecho perfecto. Hacer perfecto, según la terminología del Pentateuco, significa «consagrarle sacerdote». La obediencia de Cristo significa el «extremo sí a la voluntad de Dios».
v.    Pero centremos la atención a la idea principal: Jesús suplicó a quien podía salvarlo de la muerte “y por su actitud reverente fue escuchado” . ¿De qué manera fue escuchado si de hecho murió en la cruz? ¿Cuál fue la escucha?: Diversas lecturas: Fue liberado de su angustia, lo que le permitió afrontar la pasión toda con ánimo equilibrado. Pero hay más El Padre lo ha levantado de la noche de la muerte, por la resurrección le ha salvado para siempre de la muerte. La resurrección no solo le levanta de «su» muerte sino de la muerte en cuanto tal. Así, su cruz representa su triunfo.

 NOTA de JAN: esta importante idea se expresa quizá mejor en el comentario de la Biblia de Jerusalén a este texto: No es que Dios librara a Jesús de la muerte física, sino que le arrancó de su poder (He 2,24) y transformó esta muerte en una exaltación de gloria (Jn 12,27 13,31;  17,5;  Fil 2,9–11;  Hb 2,9)

MUERTE, EXPIACIÓN, SALVACIÓN

3    La muerte de Jesús como (expiación) reconciliación  y salvación

i.    La Iglesia naciente, con la guía del Espíritu Santo, fue ahondando en la verdad profunda de la cruz. Para comenzar había algo claro: con la cruz, los sacrificios del templo quedaron atrás; Dios no quería toros y cabros, cuya sangre no puede purificar al hombre ni expiar por él. El nuevo culto había llegado: el Cordero de Dios había cargado con el pecado del mundo (expiación) y lo había borrado para siempre (reconciliación). Ahora la relación de Dios con los hombres había sido remozada: la reconciliación era una realidad.

ii.    Con este antecedente, Pablo pudo sintetizar el acontecimiento de Jesucristo: Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado el mensaje de la reconciliación. Por eso nosotros actuamos como enviados de Cristo y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios (2Co 5,19). Conocemos de las agudas disensiones en la Iglesia naciente sobre si la ley mosaica seguía obligando a los cristianos. Por eso agrada y sorprende la unanimidad en un punto neurálgico del cristianismo.

iii.  ¿Cómo se entiende esto, con mayor precisión? Mandemos por delante el texto fundamental de Rm 3,21–26: Pero ahora, independiente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, justicia de Dios por la fe en Jesucristo para todos los que creen pues no hay diferencia; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación, por su propia sangre, mediante la fe para mostrar su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente, en tiempo de la paciencia de Dios; en orden a mostrar su justicia en el tiempo presente, para ser justo y justificador del que cree en Jesús. No es el contacto de sangre animal con un objeto sagrado lo que reconcilia a Dios y al hombre. En la Pasión toda la suciedad del mundo contacta al todo Puro, Jesucristo, y por tanto con el Hijo de Dios mismo. La suciedad del mundo es absorbida y transformada por el dolor del infinito amor. Ahora está activa en la historia la fuerza antagonista de toda forma de mal. El bien es siempre más grande que el mal.
iv.  Se ha dicho: ¿acaso no es un Dios cruel el que exige una expiación infinita? Es todo lo contrario: Dios mismo se pone como reconciliación y, en su Hijo, toma el sufrimiento sobre sí. Dios mismo bebe el cáliz de todo lo terrible y restablece el derecho mediante su amor.
v.   Propongo para la reflexión un texto fundamental de la Carta a los Hebreos: No teniendo la Ley más que una sombra de los bienes futuros, no la imagen de las cosas, no puede nunca, mediante unos mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, dar la perfección a quienes se acercan a ellos. De otro modo ¿no habrían cesado de ofrecerlos, al no tener ya conciencia de pecado los que ofrecen ese culto, una vez purificados? Al contrario, con ellos se renueva cada año el recuerdo de los pecados, pues es imposible que la sangre de toros y cabras borre los pecados. Por eso, Por eso, al entrar en este mundo, dice: –«sacrificio y oblación no quisiste, pero me has formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije: –¡He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad! (Hb 10,1ss; cfr Sal 40,7ss)
  Cuando el texto se refiere a la ley y sacrificios del templo se los califica de «sombra de los bienes futuros»: porque imposible que la sangre de animales limpie los pecados.
  Se establece el nuevo culto: no quieres sacrificios ni ofrendas; no aceptas holocaustos, entonces dije lo que está escrito en los libros: Aquí estoy para hacer tu voluntad.
  El nuevo culto son las relaciones de amor con Dios, el hacer su voluntad. La vida marcada por la Palabra: oración, orientación del espíritu a Dios.

SALMO 40 Y CARTA Hb

–En medio del discurso sobre la insuficiencia de sacrificios y holocaustos surge el deseo de que éstos puedan hacerse de manera más perfecta.
–El salmista dice: No has querido sacrificio ni oblación, pero me has abierto el oído; no pedías holocaustos ni víctimas; dije entonces: aquí he venido (Sal 40,7). En vez del sacrificio se pone a la obediencia. Y el verdadero Logos, el Hijo, dice al Padre: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo (Hb 10) El Logos mismo, el Hijo, se hace carne, asume cuerpo humano. Así es posible una nueva forma de obediencia, que va más allá del cumplimiento humano de los Mandamientos.
–Sólo el Verbo que se ha hecho carne, cuyo amor se cumple en la cruz, es la obediencia perfecta. En él ha culminado la crítica a los sacrificios del templo y, además, se ha cumplido el deseo: su obediencia «corpórea» es el nuevo sacrificio en el que nos incluye a todos y, en el que, al mismo tiempo, nuestra desobediencia es anulada por su amor.
–Dicho con otras palabras: nuestra moralidad personal no basta para venerar a Dios de manera correcta. San Pablo lo ha dejado en claro enérgicamente en la controversia sobre la justificación: el Hijo hecho carne lleva en sí a todos nosotros y ofrece, así, lo que no podríamos dar solo por nosotros mismos. Por tanto, forma parte de la existencia cristiana tanto el Bautismo –la acogida en la obediencia de Cristo– como la Eucaristía –en la que la obediencia del Señor en la cruz nos abraza a todos, nos purifica y  nos pone dentro de la adoración perfecta de Jesucristo–
–Esta vertiente existencial de la nueva concepción del culto y del sacrificio aparece muy clara en Rm 12: Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que os ofrezcáis a vosotros mismos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual (porque los creyentes somos miembros de Cristo) (Cfr p. 275 JdeN II).
–Pablo retoma la misma idea en Rm 15,15: Sin embargo, en algunos pasajes os he escrito, con cierto atrevimiento como para reavivar vuestros recuerdos, en virtud de la gracia que me ha sido otorgada por Dios, de ser para los gentiles ministro de Cristo Jesús, ofreciendo el sagrado oficio del evangelio de Dios, para que la oblación de los gentiles sea agradable, santificada por el Espíritu Santo.
En tiempos recientes se ha considerado como alegórico este modo de hablar de sacerdocio y sacrificio. Pero Pablo y la Iglesia antigua lo han considerado como sacerdocio real. El culto verdadero es el hombre vivo convertido en respuesta a Dios, modelado por su Palabra transformadora. Y por tanto, el verdadero sacerdocio es ese ministerio de la Palabra y el Sacramento que transforma a los hombres en una entrega a Dios. El don que El hace de sí mismo –su obediencia que nos acoge a todos nosotros y nos devuelve a Dios– es, pues, el verdadero culto, el verdadero sacrificio.
–Así, el entrar en el misterio de la cruz debe estar en el centro del ministerio apostólico y del anuncio del evangelio que conduce a la fe.
–la idea cristiana de culto y sacrificio se abre a una dimensión ulterior. Esto se deja ver con nitidez en Fil 2,17 cuando Pablo prevé su martirio: Y aunque mi sangre se derrame como libación sobre el sacrificio y la ofrenda de vuestra fe, me alegro y congratulo con vosotros. Pablo considera su presentido martirio como liturgia y como acontecimiento sacrificial. Una vez más, no es una alegoría sino una realidad.
          

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