JESÚS
DE NAZARET:
PRIMERAPARTE 11/mayo/2012
por
el Card. Joseph Ratzinger (Breves notas)
jan
Toda la obra es rica en
profundidad, erudición, información bíblica y entusiasmo en el tramamiento de
los temas. Las notas que siguen solo son resúmenes fieles de lo que me ha
llamado más la atención.
PRÓLOGO
(HERMENÉUTICA)
Los conceptos del Prólogo, relacionados con hermenéutica bíblica, son
impresionantes; tocan a las raíces mismas de la fe cristiana, y, dichas nada
menos que por un Papa, revelan humildad y valentía en el teólogo Ratzinger, que
infunden mucho respeto:
i. dice que en los años
treinta y cuarenta había «toda una serie
de obras fascinantes sobre Jesús»: Karl Adam, Romano Guardini, Franz Michel
William, Giovani Papini y otros, que presentaban al Jesús de los evangelios:
cómo vivió en la tierra y cómo llevó a los hombres a Dios, con el cual era uno
en cuanto Hijo. Así, Dios se hizo visible
a través del hombre Jesús y, desde Dios, se pudo ver la imagen del auténtico
hombre.
ii. En los cincuentas las
cosas comenzaron a cambiar: una grieta entre el Jesús histórico y el Cristo de
la fe se iba haciendo cada vez más profunda. Así ¿Qué podía ser la fe en Jesús,
el Cristo, el Hijo de Dios vivo, si el hombre Jesús era tan diferente del que
proponen los evangelistas y del que propone la Iglesia, a base de los
evangelios?
iii. Los avances de la
investigación histórico―crítica
llevaron a distinciones cada vez más sutiles
entre los diversos estratos de la tradición. La figura de Jesús, en la que se
basa la fe, se iba haciendo nebulosa y perdía su perfil. Y claro, las
reconstrucciones de este Jesús, a partir de las tradiciones de los evangelistas
y sus fuentes, eran contrastantes: desde el anti romano revolucionario que
quería derrocar al poder establecido y ―claro―fracasa, hasta el moralista benigno que todo lo
aprueba y termina ―incomprensiblemente― en la ruina. Eran como fotografías, más que de Jesús,
de las imágenes que se habían formado sus autores.
iv. En suma, aumentaba la
desconfianza y quedaba la impresión de que sabemos pocas cosas ciertas sobre
Jesús y de que la imagen que nos hemos formado de Él se debe sólo a la fe en su
divinidad. Esta incertidumbre, a la final, ha calado en la conciencia de la
cristiandad y esta situación se hizo preocupante.
v. El exegeta católico
quizá más importante de la segunda mitad del siglo 20, rudolf schnackenburg, consciente del peligro para la fe y
ante la ausencia de un remedio, emprendió en su último gran libro (alemán): La persona de Jesucristo reflejada en los 4
evangelios. Tras toda una vida de investigación, Schnackenburg llega a esta
conclusión: «que mediante los esfuerzos
de la investigación con métodos histórico–críticos no se logra –o se logra de
modo insuficiente– una visión fiable de la figura histórica de jesús de nazaret
(p.348); el esfuerzo de la investigación exegética por identificar estas
tradiciones y llevarlas a lo históricamente digno de crédito…nos somete a una
discusión contínua sobre la historia de las tradiciones y redacciones que nunca
se acaba».
vi. Las exigencias de este
método ―que él considera necesario e insuficiente― hacen que
en la determinación de la
figura de Jesús haya cierta discrepancia. Schnackenburg nos muestra
la imagen del Cristo de los evangelios, pero la considera formada por distintas
capas de tradición superpuestas; a través de ellas sólo se puede ver de lejos
al verdadero Jesús. Se presupone el fundamento
histórico, pero éste queda rebasado en la visión de fe de los Evangelios.
Nadie duda de ello, pero no queda claro hasta dónde llega el fundamento
histórico.
vii. Sin embargo
Schnackenburg ha dejado claro como dato verdaderamente histórico el punto decisivo:
el ser de jesús relativo a dios y su
unión con él. Sin su enraizamiento en Dios, la persona de Jesús resulta
vaga, irreal e inexplicable. Este es también mi punto de partida, dice el Papa.
Pero en la descripción de la figura de Jesús he tratado de ir más allá de
Schnackenburg. Añade que se siente vinculado al «método histórico–crítico»
(MHC), al que la encíclica Divino
afflante Espíritu había señalado para la interpretación de la teología
católica. Desde entonces los métodos han progresado dentro y fuera de la Iglesia
Católica. Un paso decisivo se encuentra en la Constitución Dei Verbum, sobre la
revelación. También aportan mucho dos documentos de la Pontificia Comisión
Bíblica: La Interpretación de la Biblia
en la Iglesia (1993) y El Pueblo Judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia
Cristiana (2001).
¿Orientaciones metodológicas resultantes de
estos documentos?
a. El MHC es y sigue siendo
irrenunciable en el trabajo exegético: la fe bíblica se refiere a hechos y no a
leyendas; el factum historicum no es una clave simbólica sino un fundamento
constitutivo; con el incarnatus est profesamos
la entrada de Dios en la historia; si la historia forma parte esencial de la
fe, débase afrontar el método histórico. Así lo dice la Dei Verbum en su # 12.
Mucho más detallada es la Pontificia Comisión Bíblica.
b. No obstante, si el MHC es
una de las dimensiones fundamentales de la exégesis, no agota el cometido de la
interpretación para quien sabe que en los textos bíblicos está la única Sagrada
Escritura, y es inspirada por Dios.
c. 1. Si el
MHC es fiel a sí mismo, no solo debe estudiar la palabra como hecho del pasado,
sino además dejar la palabra en el pasado; no puede hacerla actual, de hoy. En
la precisión de la explicación de lo que pasó reside su fuerza, pero también su
limitación.
2. Otra limitación: como método histórico, presupone
la uniformidad del contexto en el que se insertan los hechos y, por tanto, debe
tomar las palabras que estudia, como palabras humanas.
3. Estudia cada libro de la Escritura en su momento
histórico y luego los subdivide según sus fuentes; pero la unidad de todos los
libros con la única «Biblia» no resulta del método.
d. Con esto se ha señalado
la importancia del MHC y, por otro, sus limitaciones. Así se ha visto –ojalá– que
este método por su naturaleza remite a algo que lo supera: en la palabra pasada
se puede oír la pregunta sobre su hoy; en
la palabra humana, resuena un soplo más grande; los diversos textos bíblicos remiten –de algún
modo– al proceso vital de una Única Escritura.
e. A base de estas
observaciones se ha inaugurado en América Latina el «proyecto de la exégesis
canónica», que quiere leer los textos bíblicos en el contexto de la Única
Escritura, con lo que se ven los textos bajo una nueva luz. Así enseña la Dei
Verbum del Cc Vaticano II y añade que se han de tener en cuenta también la
Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe (Cfr Dei Verbum #12).
1. Respecto
de la unidad, la exégesis moderna ha mostrado que las palabras de la Biblia se
convierten en Escrituras, a través de un proceso de relecturas cada vez nuevas:
los textos antiguos se retoman en una situación nueva, leídos y entendidos de
manera nueva. La formación de la Escritura se configura como un proceso de la
palabra que abre sus potencialidades internas, que estaban ya como semillas y
que se abren ante el desafío de situaciones nuevas, nuevas experiencias y
nuevos sufrimientos.
2.
Quien observa este proceso desde el eje Jesucristo, puede reconocer que en su
conjunto sigue una dirección, que el Antiguo y Nuevo Testamento están
correlacionados. La hermenéutica cristológica que ve en Jesucristo la clave de
todo el conjunto y a partir de él entiende la Biblia como unidad, presupone una decisión de fe y no puede surgir
del mero método histórico. Pero esta decisión de fe tiene su razón –una
razón histórica.
3. La
Exésis Canónica ―la lectura de los diversos textos de la Biblia en el marco de su
totalidad―no se opone
al MHC sino que lo desarrolla de un modo orgánico y lo convierte en verdadera teología. Hay dos aspectos más de la exégesis teológica:
4. Toda
palabra humana de cierto peso encierra un sentido mayor del que su autor podía
ser consciente. Este valor añadido resulta más válido para las palabras que han
madurado en el proceso de la historia de la fe. Con él el autor habla a partir
de una historia común en la que está inmerso y en el que ya están presentes las
posibilidades del futuro y de su camino posterior. El proceso de leer y
desarrollar las palabras no habría sido posible si las aperturas intrínsecas
no hubieran estado ya presentes en las palabras mismas. En este punto podemos
intuir lo que es la inspiración: el
autor no habla como sujeto privado, sino en una comunidad viva y en un
movimiento histórico vivo que ni él ni la colectividad han construido sino en
que actúa una fuerza directriz superior.
5. El
segundo aspecto: los libros de la Escritura y ésta en su conjunto no son solo
literatura. Ha surgido del Pueblo vivo de Dios y vive en él. Estos libros –se
puede decir– que remiten a tres sujetos: (i) al autor o autores a los que se
deben, los cuales no son autónomos sino que se deben al sujeto común, Pueblo de
Dios, para el cual y desde el cual hablan; este Pueblo de Dios resulta el
verdadero y profundo autor de las Escrituras. Ni este Pueblo es autosuficiente
sino guiado por Dios que es el que –en el fondo– habla a través de los hombres.
La relación con el sujeto pueblo de Dios es vital: por un lado, esta Escritura
es la pauta que viene de Dios y la fuerza que indica el camino al pueblo; pero
por otro, vive solo –en este pueblo el que se trasciende a si mismo en la
Escritura y así –en la profundidad definitiva en virtud de la Palabra hecha
carne– se convierte precisamente en Pueblo de Dios. El Pueblo de Dios –la
Iglesia– es el sujeto vivo de la Escritura (Cfr JdeN I, p.17 vuelta).
bautismo
de Jesús
1. Cap. 1: el bautismo de Jesús:
Con él comienza su vida pública. ¿Cuándo? Mateo: No obstante la genealogía de
Jesús, la fecha del bautismo no es precisa: “Por aquellos días…” esto es
suficiente para este autor judeocristiano. Lucas en cambio: enmarca esto en la
historia universal y da una fecha precisa: Jesús tenía 30 años; en su
genealogía (que no está al comienzo del evangelio) va desde Jesús hacia el
pasado llegando a Adán y Dios: resalta la misión universal de Jesús, hijo de
Adán, Hijo del Hombre. La humanidad tiene su nuevo inicio.
Respecto del Bautista, al comienzo
de la vida pública de Jesús, dice: en el año 15 del reinado del emperador
Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes virrey de Galilea,
su hermano virrey de Iturea, etc., con lo que se ubica a Jesús en la historia
universal, como hecho histórico. Además, frente al imperio romano, el poder
judío se ha desmoronado. Israel vive en el silencio de Dios y no tiene un
profeta. Por eso está bullicioso e inquieto. (p.34)
GRANDES
IMÁGENES JOÁNICAS
2. Cap.8
las grandes imágenes del evangelio de
juan.
Introducción: la Cuestión joánica.
Consiste en que el misterio de la
unidad de Jesús con su Padre, según los sinópticos, está siempre presente, pero
oculto bajo su humanidad, cosa de la que se han percatado amigos y enemigos de
Jesús. En Juan la divinidad de Jesús aparece sin tapujos. Esta diferencia entre
sinópticos y Juan (en este no hay parábolas sino discursos grandes centrados en
imágenes, cuyo escenario no es Galilea sino Jerusalén) ha llevado a la crítica
moderna a negar la historicidad del texto y a tenerlo como una reconstrucción
teológica posterior: cristología desarrollada, pero no fuente del conocimiento
de Jesús.
Como el mensaje de Juan es
trascendental (la Trinidad, divinidad de Jesús, unidad trinitaria y eclesial, la
redención) y no compartido por los sinópticos, este tema ha tenido para mí
mucha importancia. Por eso, después de leer la “Cuestión Joánica” de este
Cap.8, copio el siguiente párrafo de Ratzinger que es la conclusión de un largo,
tortuoso y formidable discurso sobre las diversas opiniones de los críticos acerca
de la autoría de Juan y acerca del valor histórico de este evangelio: “Puedo
suscribir -dice Ratzinger en la p.270- la conclusión final que Peter
Stuhlmacher ha sacado de los datos aquí expuestos. Para este crítico «los
contenidos del Evangelio se remontan al discípulo a quien Jesús (de modo
especial) amaba. Al “Presbítero” Juan hay que verlo como su trasmisor y portavoz
(II, p.206)”. En el mismo sentido se expresan Eugen Ruckstuhl y Peter Duschulnigg:
«El
autor del Evangelio de Juan es, por así decirlo, el administrador de la
herencia del discípulo predilecto» , Ibidem p.207”.
Esta conclusión, avalada por tan altas autoridades y por el mismo
Ratzinger, tranquiliza: los contenidos, es decir, la sustancia evangélica es sin
duda de Juan; los continentes, es decir, la forma, estilo, redacción, pueden
deberse a la colaboración del “Presbítero Juan”.
NOTA: La “cuestión joánica”, tal
como aparece tratada en la introducción al Evangelio de Juan en la Biblia
Latinoamericana, es muy distinta de la que describe aquí Ratzinguer.
SEGUNDA
PARTE:
Desde la entrada en Jerusalem hasta la Resurrección
PROLOGO
Hermenéutica:
i. En 200 años de trabajo
exegético la Interpretación Histórico Crítica (IHC) ha dado ya lo que tenía que
dar. Si la exégesis bíblica científica no quiere seguir agotándose más
(haciéndose teológicamente insignificante), debe dar un paso nuevo volviéndose
a reconocer como disciplina teológica, sin renunciar a su carácter histórico.
Dicha exégesis ha de reconocer que no es expresión de la única razón válida
sino solo una determinada racionabilidad históricamente condicionada; y que una
hermenéutica de la fe es conforme al
texto y puede unirse con una hermenéutica histórica, consciente de su límites,
para formar una totalidad metodológica.
ii. Esta articulación entre
dos hermenéuticas muy diferentes es algo que debe realizarse siempre de nuevo,
pero es posible.
iii. No pretendo que en mi
libro esté ya acabada esta integración, pero espero haber dado un nuevo paso.
En el fondo es retomar los principios de la C. Dei Verbum #12 del Cc Vaticano
II, en lo que poco o nada se ha hecho.
GETSEMANÍ
1 Getsemaní: voluntad de Jesús vs voluntad
del Padre. ¿Qué significa esto? Quiénes confrontan sus voluntades? ¿El Padre y
el Hijo? o ¿el hombre Jesús y Dios? Estamos frente al misterio interior de
Jesús. De ahí la búsqueda apasionada de la Iglesia antigua para comprender la
figura de Jesús.
→ El Concilio (Cc) de Nicea aclaró: Las 3 personas, –Padre, Hijo y Espíritu Santo– son uno en la única
sustancia de Dios.
→ El Cc de Calcedonia –100 años después–
trató de entender la unión de la divinidad y humanidad en Jesucristo con la
fórmula: «en él, la única persona del Hijo de Dios lleva consigo y comprende las dos naturalezas ―humana y
divina― sin
confusión ni división». Así:
i/ se preserva la diferencia infinita entre Dios y el hombre, porque
ii/ la humanidad permanece humanidad y la divinidad sigue siendo divinidad;
i/ se preserva la diferencia infinita entre Dios y el hombre, porque
ii/ la humanidad permanece humanidad y la divinidad sigue siendo divinidad;
iii/
en Jesús la humanidad no es absorbida por la divinidad sino que
iv/ existe completa como tal, sin embargo, sostenida por la Persona del Logos.
iv/ existe completa como tal, sin embargo, sostenida por la Persona del Logos.
v/ en
la diversidad de naturalezas con la «única
Persona» se expresa la unidad radical que Dios, en Cristo, ha formado con
el hombre. Esta fórmula –dos naturalezas, única Persona– fue acuñada por el
Papa León Magno y tuvo el asentimiento entusiasta de los padres conciliares.
→ Pero su significado no había sido sondeado: ¿Qué es
naturaleza? Sobre todo ¿qué es persona? La fórmula seguía oscura (p.188) y
también las discusiones. Finalmente, ha quedado la división: Roma y Bizancio
han aceptado la fórmula. Alejandría prefiere la fórmula: una naturaleza «divinizada» (monofisismo): Siria, escéptica ante
«una persona» porque esto parece comprometer la humanidad real de Jesús.
→ El Cc de Calcedonia sigue siendo la
indicación vinculante de la vía que introduce en el misterio de Jesucristo. Pero
debe ser «adquirida» de nuevo ante cambios conceptuales sobre naturaleza y
persona, distintos de los de entonces. Un acuerdo es indispensable, pues toca
el centro neurálgico de la fe: ¡el Dios hecho hombre en Jesucristo!
→ La diferencia postcalcedoniense es: si en
Jesús hay una sola persona divina que comprende dos naturalezas, ¿qué sucede con la naturaleza humana? ¿Cómo
puede ser tal, si es absorbida por lo divino, al menos en el componente superior,
la voluntad? Así, la última gran herejía se llama «monotelismo», porque una
persona con dos voluntades sería esquizofrénica. En Jesús hay, pues, una sola
voluntad divina. Pero, en contrario, un hombre sin voluntad no es hombre. Las
discusiones parecen irreconciliables.
→ El gran teólogo
bizantino, Máximo el Confesor, tiene la respuesta: la naturaleza humana de Jesús no queda amputada por su unidad con el Logos, sino completa. La
voluntad humana y divina en Jesús no lleva a la esquizofrenia. Esto significa
que hay en Jesús la «voluntad natural» propia de la naturaleza humana, pero hay
una sola «voluntad de la persona» que acoge a la voluntad natural. Esto es
posible sin destruir la voluntad humana porque, a partir de la creación, la
voluntad humana está orientada a la divina y, al ser asumida por ésta, se
perfecciona en vez de destruirse.
→ Así, el
drama de Getsemaní está en que Jesús rescata la voluntad natural de hombre de la oposición que por el
pecado tienen a la voluntad divina, y la restaura de este modo a su grandeza.
En la voluntad natural humana está –si cabe– toda la resistencia de la
naturaleza humana contra Dios: Jesús, con su lucha, lleva a la naturaleza
recalcitrante a su verdadera esencia.
CARTA
A LOS HEBREOS
2 oración del huerto y carta a los hebreos:
No podemos prescindir de esta carta. En ella se lee: El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal, ruegos y
súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, fue
escuchado por su actitud reverente y, aun siendo Hijo, por los padecimientos
aprendió la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de
salvación eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios sumo
sacerdote a la manera de Melquisedec (Hb 5,7)
i. Se
trata siempre del encuentro de Jesús con el poder de la muerte, cuyo abismo
percibe en toda su profundidad y terror. ¡Cómo se parece este terror al que el
hombre ha sentido siempre frente a la muerte, decretada en el paraíso terrenal!
ii. Al considerar a la pasión de Jesús
como una «agonía» (lucha) con Dios Padre y con la propia naturaleza humana,
esta Carta manifiesta así la profundidad teológica de la oración en Getsemaní.
Para la Carta este gritar y suplicar es el ejercicio del sumo sacerdocio de
Jesús: llevar la zozobra del ser hombre a Dios.
iii. El autor de la Carta ha puesto de manifiesto el aspecto más profundo del acto del sacrificio: «se ofreció para hacer la voluntad del Padre», como expresa este pensamiento Albert Vanhoye.
iii. El autor de la Carta ha puesto de manifiesto el aspecto más profundo del acto del sacrificio: «se ofreció para hacer la voluntad del Padre», como expresa este pensamiento Albert Vanhoye.
iv. La otra idea importante es que Jesús –aun
siendo Hijo– por los padecimientos
aprendió la obediencia y así ha sido hecho perfecto. Hacer perfecto,
según la terminología del Pentateuco, significa «consagrarle sacerdote». La
obediencia de Cristo significa el «extremo sí a la voluntad de Dios».
v. Pero centremos la atención a la idea principal: Jesús suplicó a quien podía salvarlo de la muerte “y por su actitud reverente fue escuchado” . ¿De qué manera fue escuchado si de hecho murió en la cruz? ¿Cuál fue la escucha?: Diversas lecturas: →Fue liberado de su angustia, lo que le permitió afrontar la pasión toda con ánimo equilibrado. Pero hay más → El Padre lo ha levantado de la noche de la muerte, por la resurrección le ha salvado para siempre de la muerte. La resurrección no solo le levanta de «su» muerte sino de la muerte en cuanto tal. Así, su cruz representa su triunfo.
v. Pero centremos la atención a la idea principal: Jesús suplicó a quien podía salvarlo de la muerte “y por su actitud reverente fue escuchado” . ¿De qué manera fue escuchado si de hecho murió en la cruz? ¿Cuál fue la escucha?: Diversas lecturas: →Fue liberado de su angustia, lo que le permitió afrontar la pasión toda con ánimo equilibrado. Pero hay más → El Padre lo ha levantado de la noche de la muerte, por la resurrección le ha salvado para siempre de la muerte. La resurrección no solo le levanta de «su» muerte sino de la muerte en cuanto tal. Así, su cruz representa su triunfo.
NOTA de JAN: esta importante idea
se expresa quizá mejor en el comentario de la Biblia de Jerusalén a este texto:
No es que Dios librara a Jesús de la
muerte física, sino que le arrancó de su poder (He 2,24) y transformó esta
muerte en una exaltación de gloria (Jn 12,27 13,31; 17,5; Fil
2,9–11; Hb 2,9)
MUERTE,
EXPIACIÓN, SALVACIÓN
3 La muerte de Jesús como (expiación) reconciliación y salvación
i. La
Iglesia naciente, con la guía del Espíritu Santo, fue ahondando en la verdad
profunda de la cruz. Para comenzar había algo claro: con la cruz, los
sacrificios del templo quedaron atrás; Dios no quería toros y cabros, cuya
sangre no puede purificar al hombre ni expiar por él. El nuevo culto había
llegado: el Cordero de Dios había cargado
con el pecado del mundo (expiación) y lo había borrado para siempre
(reconciliación). Ahora la relación de
Dios con los hombres había sido remozada: la reconciliación era una realidad.
ii. Con este
antecedente, Pablo pudo sintetizar el acontecimiento de Jesucristo: Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al
mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado
el mensaje de la reconciliación. Por eso nosotros actuamos como enviados de
Cristo y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de
Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios (2Co 5,19). Conocemos de las
agudas disensiones en la Iglesia naciente sobre si la ley mosaica seguía
obligando a los cristianos. Por eso agrada y sorprende la unanimidad en un
punto neurálgico del cristianismo.
iii. ¿Cómo se
entiende esto, con mayor precisión? Mandemos por delante el texto fundamental
de Rm 3,21–26: Pero ahora, independiente
de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los
profetas, justicia de Dios por la fe en Jesucristo para todos los que creen ―pues no hay
diferencia; todos pecaron y están privados
de la gloria de Dios― y son justificados por el don de su gracia, en virtud
de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como
instrumento de propiciación, por su propia sangre, mediante la fe para mostrar
su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente, en
tiempo de la paciencia de Dios; en orden a mostrar su justicia en el tiempo
presente, para ser justo y justificador del que cree en Jesús. No es el contacto de sangre animal con un objeto
sagrado lo que reconcilia a Dios y al hombre. En la Pasión toda la suciedad del
mundo contacta al todo Puro, Jesucristo, y por tanto con el Hijo de Dios mismo.
La suciedad del mundo es absorbida y transformada por el dolor del infinito
amor. Ahora está activa en la historia la fuerza antagonista de toda forma de
mal. El bien es siempre más grande que el mal.
iv. Se ha
dicho: ¿acaso no es un Dios cruel el que exige una expiación infinita? Es todo
lo contrario: Dios mismo se pone como reconciliación y, en su Hijo, toma el
sufrimiento sobre sí. Dios mismo bebe el cáliz de todo lo terrible y restablece
el derecho mediante su amor.
v. Propongo
para la reflexión un texto fundamental de la Carta a los Hebreos: No teniendo la Ley más que una sombra de los
bienes futuros, no la imagen de las cosas, no puede nunca, mediante unos mismos
sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, dar la perfección a quienes
se acercan a ellos. De otro modo ¿no habrían cesado de ofrecerlos, al no tener
ya conciencia de pecado los que ofrecen ese culto, una vez purificados? Al
contrario, con ellos se renueva cada año el recuerdo de los pecados, pues es
imposible que la sangre de toros y cabras borre los pecados. Por eso, Por eso, al
entrar en este mundo, dice: –«sacrificio y oblación no quisiste, pero me has
formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron.
Entonces dije: –¡He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad! (Hb 10,1ss;
cfr Sal 40,7ss)
→ Cuando el
texto se refiere a la ley y sacrificios del templo se los califica de «sombra de los bienes futuros»: porque imposible que la sangre de animales limpie los pecados.
→ Se
establece el nuevo culto: no quieres sacrificios ni ofrendas; no aceptas
holocaustos, entonces dije lo que está escrito en los libros: Aquí estoy para
hacer tu voluntad.
→ El nuevo culto son las relaciones de amor con
Dios, el hacer su voluntad. La vida marcada por la Palabra: oración, orientación del espíritu a
Dios.
SALMO
40 Y CARTA Hb
–En medio del discurso sobre la insuficiencia de sacrificios y
holocaustos surge el deseo de que éstos puedan hacerse de manera más perfecta.
–El salmista dice: No has querido
sacrificio ni oblación, pero me has abierto el oído; no pedías holocaustos ni
víctimas; dije entonces: aquí he venido (Sal 40,7). En vez del sacrificio
se pone a la obediencia. Y el verdadero Logos, el Hijo, dice al Padre: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero
me has preparado un cuerpo (Hb 10) El Logos mismo, el Hijo, se hace carne,
asume cuerpo humano. Así es posible una nueva forma de obediencia, que va más
allá del cumplimiento humano de los Mandamientos.
–Sólo el Verbo que se ha hecho carne, cuyo amor se cumple en la cruz, es
la obediencia perfecta. En él ha culminado la crítica a los sacrificios del
templo y, además, se ha cumplido el deseo: su obediencia «corpórea» es el nuevo
sacrificio en el que nos incluye a todos y, en el que, al mismo tiempo, nuestra
desobediencia es anulada por su amor.
–Dicho con otras palabras: nuestra moralidad personal no basta para
venerar a Dios de manera correcta. San Pablo lo ha dejado en claro
enérgicamente en la controversia sobre la justificación: el Hijo hecho carne
lleva en sí a todos nosotros y ofrece, así, lo que no podríamos dar solo por
nosotros mismos. Por tanto, forma parte de la existencia cristiana tanto el
Bautismo –la acogida en la obediencia de Cristo– como la Eucaristía –en la que
la obediencia del Señor en la cruz nos abraza a todos, nos purifica y nos pone dentro de la adoración perfecta de
Jesucristo–
–Esta vertiente existencial de la nueva concepción del culto y del
sacrificio aparece muy clara en Rm 12: Os
exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que os ofrezcáis a
vosotros mismos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal será
vuestro culto espiritual (porque los creyentes somos miembros de Cristo)
(Cfr p. 275 JdeN II).
–Pablo retoma la misma idea en Rm 15,15: Sin embargo, en algunos pasajes os he escrito, con cierto atrevimiento
como para reavivar vuestros recuerdos, en virtud de la gracia que me ha sido
otorgada por Dios, de ser para los gentiles ministro de Cristo Jesús,
ofreciendo el sagrado oficio del evangelio de Dios, para que la oblación de los
gentiles sea agradable, santificada por el Espíritu Santo.
–En tiempos
recientes se ha considerado como alegórico este modo de hablar de sacerdocio y
sacrificio. Pero Pablo y la Iglesia antigua lo han considerado como sacerdocio
real. El culto verdadero es el hombre vivo convertido en respuesta a Dios,
modelado por su Palabra transformadora. Y por tanto, el verdadero sacerdocio es
ese ministerio de la Palabra y el Sacramento que transforma a los hombres en
una entrega a Dios. El don que El hace de sí mismo –su obediencia que nos acoge
a todos nosotros y nos devuelve a Dios– es, pues, el verdadero culto, el
verdadero sacrificio.
–Así, el entrar en el misterio de la cruz debe estar en el centro del
ministerio apostólico y del anuncio del evangelio que conduce a la fe.
–la idea cristiana de culto y sacrificio se abre a una dimensión
ulterior. Esto se deja ver con nitidez en Fil 2,17 cuando Pablo prevé su
martirio: Y aunque mi sangre se derrame
como libación sobre el sacrificio y la ofrenda de vuestra fe, me alegro y
congratulo con vosotros. Pablo considera su presentido martirio como
liturgia y como acontecimiento sacrificial. Una vez más, no es una alegoría
sino una realidad.
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