BREVES NOTAS (JAN)
SOBRE
EL LIBRO JESÚS DE NAZARET (JDEN) POR CARD. JOSEPH RATZINGER (JORA)
Toda la obra es rica en
profundidad, erudición, información bíblica, entusiasmo y honradez intelectual
en el tratamiento de los temas. Las notas que siguen solo son resúmenes fieles
de lo que más me ha llamado la atención.
JESÚS DE NAZARET: PRIMERA
PARTE
A. BAUTISMO DE JESÚS
Cap.1: El
bautismo de Jesús: Con él comienza su vida
pública. ¿Cuándo?
En Mateo, no obstante la genealogía de Jesús, la fecha del
bautismo “Por aquellos días…” es
suficiente para este autor judeocristiano.
En Lucas, en cambio, el bautismo se enmarca en la historia
universal y en una fecha precisa: Jesús
tenía 30 años; en su genealogía (que no está al comienzo del evangelio) va
desde Jesús hacia el pasado llegando a Adán y Dios: resalta la misión universal
de Jesús, hijo de Adán, Hijo del Hombre. La humanidad tiene su nuevo inicio.
Respecto del Bautista, al
comienzo de la vida pública de Jesús, dice: en el año 15 del reinado del
emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes virrey de
Galilea, su hermano virrey de Iturea, etc., con lo que se ubica a Jesús en la
historia universal, como hecho histórico. Además, frente al imperio romano, el
poder judío se ha desmoronado. Israel vive en el silencio de Dios y no tiene un
profeta. Por eso está bullicioso e inquieto. (p.34)
B. GRANDES IMÁGENES JOÁNICAS
Cap.8: Las grandes
imágenes del evangelio de Juan.
Introducción:
la Cuestión Joánica.
En los Sinópticos, el
misterio de la unidad de Jesús con su Padre está siempre presente, pero oculto
bajo su humanidad, cosa de la que se han percatado amigos y enemigos de Jesús.
En Juan la divinidad de
Jesús aparece sin tapujos. Esta diferencia entre Sinópticos y Juan (en Juan no
hay parábolas sino discursos grandes
centrados en imágenes, cuyo escenario no es Galilea sino Jerusalén) ha llevado
a la crítica moderna a negar la historicidad del texto de Juan y a tenerlo como
una reconstrucción teológica posterior: cristología desarrollada, pero no fuente
del conocimiento de Jesús.
Como el mensaje de Juan es
trascendental (la Trinidad, divinidad de Jesús, unidad trinitaria y eclesial, la
redención) y no compartido por los Sinópticos, este tema tiene mucha importancia.
Por eso, después de leer la “Cuestión Joánica” de este Cap.8, copio el
siguiente párrafo de Joseph Ratzinger (JoRa) que es la conclusión de un largo,
tortuoso y formidable discurso sobre las diversas opiniones de los críticos acerca
de la autoría de Juan y acerca del valor histórico de este evangelio: “Puedo suscribir –dice JoRa en la p. 270– la
conclusión final que Peter Stuhlmacher ha sacado de los datos aquí expuestos.
Para este crítico «los contenidos del Evangelio se remontan al discípulo a
quien Jesús (de modo especial) amaba. Al “Presbítero” Juan hay que verlo como
su trasmisor y portavoz (II, p.206)”. En el mismo sentido se expresan Eugen
Ruckstuhl y Peter Duschulnigg: «El autor del Evangelio de Juan es, por así
decirlo, el administrador de la herencia del discípulo predilecto» , Ibidem
p.207”.
Esta conclusión, avalada por
tan altas autoridades y por el mismo Ratzinger, tranquiliza: los contenidos, es
decir, la sustancia evangélica es sin duda de Juan; los continentes, es decir,
la forma, estilo, redacción, pueden deberse a la colaboración del “Presbítero
Juan”.
JESUS DE NAZARET: SEGUNDA
PARTE:
(Entrada en Jerusalén hasta
la Resurrección de Jesús)
A. PROLOGO: Hermenéutica para la exégesis
1. El autor ha podido comprobar que la discusión sobre el
método y la hermenéutica de la exégesis, y sobre la exégesis como disciplina
histórica y teológica a la vez, se está haciendo más vivaz, no obstante ciertas
resistencias hacia los nuevos pasos de
la exégesis, sin abandonar la importancia del método histórico–crítico.
2. Dice, además, que es obvio que en 200 años de actividad
exegética la interpretación histórico–crítica ha dado lo que tenía que dar de
esencial. Si la exégesis bíblica científica no quiere agotarse en formular
siempre hipótesis distintas haciéndose teológicamente insignificante, ha de dar
un paso nuevo volviendo a reconocerse como disciplina teológica, sin renunciar
a su carácter histórico. Debe aprender que la hermenéutica positivista no es
expresión de la única razón válida que se ha encontrado a sí misma sino que
constituye una especie de racionalidad históricamente condicionada, capaz de
correcciones e integraciones, y necesitada de ellas.
3. Esta exégesis ha de reconocer que una hermenéutica de la fe,
equilibrada, es conforme al texto y puede unirse con una hermenéutica
histórica, consciente de sus propios límites, para formar una totalidad
metodológica. Esta articulación entre dos géneros de hermenéutica muy
diferentes entre sí es una tarea que ha de realizarse siempre de nuevo. Pero
dicha articulación es posible. JoRa dice que no pretende que en JdeN esté
acabada esta integración, pero cree que ha dado un buen paso en esta dirección.
Se trata de retomar los principios metodológicos del Cc Vaticano II (Dei Verbum 12), trabajo que poco o nada ha
sido hecho hasta ahora. ¡A los 40 años de su realización!
4. En el prólogo a la
primera parte de esta obra decía –JoRa– “que
mi deseo era presentar la figura y el mensaje de Jesús". Tal vez hubiera sido
acertado poner estas dos palabras –figura y mensaje– como subtítulo al libro
con el fin de aclarar su intención de fondo. Podría decirse exagerando un poco
que quería encontrar al Jesús real, solo a partir del cual es posible algo así
como una “cristología desde abajo”.
B. GETSEMANÍ
1 La voluntad de Jesús
y la voluntad del Padre. ¿Qué significa esto? ¿Qué significa “mi”
voluntad contrapuesta a “tu” voluntad? ¿Quiénes son los que confrontan? ¿El Padre y el Hijo? o ¿el hombre
Jesús y Dios? Nos hemos asomado profundamente al misterio interior de Jesús. De
ahí la búsqueda apasionada de la Iglesia antigua en esta oración, para
comprender la figura de Jesús, en el entramado de su voluntad divina y humana.
1.1 El Concilio
(Cc) de Nicea aclaró:
Las 3 personas, ―Padre, Hijo y
Espíritu Santo― son uno en la única
sustancia de Dios.
→ 1.2 El Cc de
Calcedonia –100 años después– trató de entender la unión de la divinidad y
humanidad en Jesucristo con la fórmula: en
él, la única persona del Hijo de Dios lleva consigo y comprende las dos
naturalezas ―humana
y divina―
sin confusión ni división.
Así:
i/
se preserva la diferencia infinita entre Dios y el hombre, porque
ii/
la humanidad permanece humanidad y la divinidad sigue siendo divinidad;
iii/
en Jesús la humanidad no es absorbida por la divinidad sino que
iv/
existe completa como tal, sin embargo sostenida por la Persona del Logos.
v/ en la diversidad de
naturalezas con la «única Persona» se
expresa la unidad radical que Dios, en Cristo, ha formado con el hombre. Esta
fórmula –dos naturalezas, única Persona– fue acuñada por el Papa León Magno y
tuvo el asentimiento entusiasta de los padres conciliares.
→ Pero su significado no había sido sondeado:
¿Qué es naturaleza? Sobre todo ¿Qué es persona? La fórmula seguía oscura
(p.188) y también las discusiones. Finalmente, ha quedado la división: Roma y
Bizancio han aceptado la fórmula. Alejandría prefiere la fórmula: una naturaleza «divinizada» (monofisismo):
Siria, escéptica ante «una persona» porque esto parece comprometer la humanidad
real de Jesús.
→ El Cc de Calcedonia sigue siendo la indicación
vinculante de la vía que introduce en el misterio de Jesucristo. Pero debe ser
«adquirida» de nuevo ante cambios conceptuales sobre naturaleza y persona,
distintos de los de entonces. Un acuerdo es indispensable, pues toca el centro
neurálgico de la fe: ¡el Dios hecho hombre en Jesucristo!
→ 1.3 La diferencia
postcalcedoniense es: si en Jesús
hay una sola persona divina que comprende dos naturalezas, ¿Qué sucede con la
naturaleza humana? ¿Cómo puede ser tal, si está sostenida por la persona
divina? ¿No debe acaso ser absorbida necesariamente por lo divino, al menos en su
componente superior, la voluntad? Así, la última gran herejía se llama
«monotelismo», porque una persona con dos voluntades sería esquizofrénica. En
Jesús hay, pues, una sola voluntad divina. Pero, en contrario, un hombre sin
voluntad no es hombre. Las discusiones parecen irreconciliables.
→ 1.4 El gran teólogo
bizantino, Máximo
el Confesor, tiene la respuesta: la naturaleza humana de Jesús no queda
amputada por su unidad con el Logos, sino completa. La voluntad humana y divina
en Jesús no lleva a la esquizofrenia. Esto significa que hay en Jesús la
«voluntad natural» propia de la naturaleza humana, pero hay una sola «voluntad
de la persona» que acoge a la voluntad natural. Esto es posible sin destruir la
voluntad humana porque, a partir de la creación, la voluntad humana está
orientada a la divina y, al ser asumida por ésta, se perfecciona en vez de
destruirse; la voluntad humana, según la creación, tiende a la sinergia con la
voluntad de Dios; pero a causa del pecado la sinergia se ha contrapuesto. El
hombre siente ahora comprometida su libertad por la voluntad de Dios: no ve en
el sí-a-la-voluntad-de-Dios la posibilidad de ser plenamente él mismo por lo
que opone resistencia.
→ 1.5 Así,
el drama de Getsemaní está en que Jesús rescata la voluntad natural de hombre
de la oposición que por el pecado tiene a la voluntad divina, y la restaura de
este modo a su grandeza. En la voluntad natural humana está ―si cabe― toda la
resistencia de la naturaleza humana contra Dios: Jesús, con su lucha,
lleva a la naturaleza recalcitrante a su verdadera esencia.
C. CARTA
A LOS HEBREOS
1 oración del huerto y
carta a los hebreos: No podemos prescindir de esta carta. En ella se
lee: Cristo en los días de su vida
mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía
salvarlo de la muerte, y por su actitud reverente fue escuchado (Hb 5,7). Esta
es una tradición autónoma, ya que los evangelios no hablan de gritos y lágrimas.
i. El texto profundo dice que Jesús suplicó a quien podía salvarlo de la muerte
y, por su actitud reverente fue escuchado: Mas ¿fue realmente escuchado, si
El murió en la cruz? Harnack dice que “no”, y Bultmann dice lo mismo.
ii. Esta
escucha tiene distintas dimensiones; la central es: el padre le ha levantado de la noche de la muerte, en la
resurrección, le ha salvado definitivamente y para siempre de la muerte. Y
quizá significa algo más: la resurrección no es solo un salvar personalmente a Jesús
de la muerte, pues la muerte no incumbía solo a Él. La suya era una muerte “por
los otros”; era una superación de la muerte en cuanto tal. Así puede ser entendido, partiendo,
además, del texto paralelo en Juan (12,27): Ahora
mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir? Padre líbrame de esta hora. Pero ¡si
he llegado a esta hora para esto! Padre glorifica tu nombre. Vino entonces una
voz del cielo: le he glorificado y, de nuevo, le glorificaré. La cruz misma
se ha convertido en glorificación de Dios. Esta gloria va más allá del momento
e impregna toda la historia. La transformación de la muerte en vida.
iii. El autor
de la Carta ha puesto de manifiesto, también, el aspecto más profundo del acto
del sacrificio: se ofreció para hacer la
voluntad del Padre; así expresa este pensamiento Albert Vanhoye.
iv. La otra
idea importante es que Jesús ―aun siendo Hijo― por los padecimientos aprendió la obediencia
y así ha sido hecho perfecto. Hacer perfecto, según la terminología del
Pentateuco, significa consagrarle
sacerdote. La obediencia de Cristo significa el «extremo sí a la voluntad de Dios»; en su auto donación, en llevar a
la humanidad a Dios, Cristo se ha convertido en sacerdote en el verdadero
sentido.
D. La Muerte de Jesús como Reconciliación
(Expiación) y Salvación
i. La Iglesia naciente, con la guía del Espíritu Santo, fue
ahondando en la verdad profunda de la cruz. Para comenzar había algo claro: con
la cruz, los sacrificios del templo quedaron atrás; Dios no quería toros y
cabros, cuya sangre no puede purificar al hombre ni expiar por él. El nuevo
culto había llegado: el Cordero de Dios
había cargado con el pecado del mundo (expiación) y lo había borrado para
siempre (reconciliación). Ahora la relación de Dios con los hombres había sido remozada: la reconciliación era
una realidad.
ii. Con este antecedente, Pablo pudo sintetizar el
acontecimiento de Jesucristo: Dios mismo
estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus
pecados, y a nosotros nos ha confiado el mensaje de la reconciliación. Por eso
nosotros actuamos como enviados de Cristo y es como si Dios mismo os exhortara
por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios
(2Co 5,19). Conocemos de las agudas disensiones en la Iglesia naciente sobre
si la ley mosaica seguía obligando a los cristianos. Por eso agrada y sorprende
la unanimidad en un punto neurálgico del cristianismo. El Templo seguía siendo
un lugar venerable de oración; sus sacrificios en cambio, ya no eran válidos
para los cristianos.
iii. ¿Cómo se entiende esto, con mayor precisión? Mandemos por
delante el texto fundamental de Rm 3,25: Pero
ahora, independiente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado,
atestiguada por la ley y los profetas, justicia de Dios por la fe en Jesucristo
para todos los que creen –pues no hay diferencia; todos pecaron y están
privados de la gloria de Dios– y son justificados por el don de su gracia, en
virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como
instrumento de propiciación, por su propia sangre, mediante la fe para mostrar
su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente, en
tiempo de la paciencia de Dios; en orden a mostrar su justicia en el tiempo
presente, para ser justo y justificador del que cree en Jesús.
No es el contacto de sangre
animal con un objeto sagrado lo que reconcilia a Dios y al hombre. En la Pasión
toda la suciedad del mundo contacta al todo Puro, Jesucristo, y por tanto con
el Hijo de Dios mismo. La suciedad del mundo es absorbida y transformada por el
dolor del infinito amor. Ahora está activa en la historia la fuerza antagonista
de toda forma de mal. El bien es siempre más grande que el mal.
iv. Se ha dicho: ¿acaso no es un Dios cruel el que exige una
expiación infinita? Es todo lo contrario: Dios mismo se pone como
reconciliación y, en su Hijo, toma el sufrimiento sobre sí. Dios mismo bebe el
cáliz de todo lo terrible y restablece el derecho mediante su amor.
v. Propongo para la reflexión un texto fundamental de la Carta
a los Hebreos: No teniendo la Ley más que
una sombra de los bienes futuros, no la imagen de las cosas, no puede nunca, mediante unos mismos
sacrificios que se ofrecen año tras año, dar la perfección a quienes se acercan
a ellos. De otro modo ¿no habrían
cesado de ofrecerlos, al no tener ya conciencia de pecado los que ofrecen ese
culto, una vez purificados? Al contrario, con ellos se renueva cada año el
recuerdo de los pecados, pues es imposible que la sangre de toros y cabras borre
los pecados. Por eso, al entrar en
este mundo, dice: ―«sacrificio
y oblación
no quisiste, pero me has formado un cuerpo. Holocaustos y sacrificios por el
pecado no te agradaron. Entonces dije: ―¡He
aquí
que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad! (Hb 10,1ss; cfr Sal 40,7ss)
→ Cuando el texto
se refiere a la ley y sacrificios del templo se los califica de «sombra de los
bienes futuros»: porque imposible que la sangre de animales limpie los pecados.
→ Se establece el
nuevo culto: no quieres sacrificios ni ofrendas; no aceptas holocaustos,
entonces dije lo que está escrito en los libros: Aquí estoy para hacer tu
voluntad.
→ El nuevo culto son las relaciones de amor con
Dios, el hacer su voluntad. La vida marcada por la Palabra: oración,
orientación del espíritu
a Dios.
E. SALMO 40 Y CARTA Hb
―En medio del discurso sobre
la insuficiencia de sacrificios y holocaustos surge el deseo de que éstos
puedan hacerse de manera más perfecta.
―El salmista dice: No has querido sacrificio ni oblación, pero
me has abierto el oído; no pedías holocaustos ni víctimas; dije entonces: aquí
he venido (Sal 40,7). En vez del sacrificio se pone a la obediencia. Y el
verdadero Logos, el Hijo, dice al Padre: Tú
no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo (Hb 10)
El Logos mismo, el Hijo, se hace carne, asume cuerpo humano. Así es posible una
nueva forma de obediencia, que va más allá del cumplimiento humano de los
Mandamientos.
―Sólo el Verbo que
se ha hecho carne, cuyo amor se cumple en la cruz, es la obediencia perfecta.
En él ha culminado la crítica a
los sacrificios del templo y, además, se ha cumplido el deseo.
F. Naturaleza
de la resurrección:
1. Son importantes las siguientes
distinciones:
– Jesús no es alguien que
haya regresado a la vida fisiológica normal y que deba morir nuevamente;
– No es un fantasma o
espíritu, es decir, no es uno que pertenezca al mundo de los muertos, aunque
éstos puedan de algún modo manifestarse en el mudo de los vivos;
– Los encuentros con el
resucitado son algo diferente de las experiencias místicas, en las que el
espíritu humano viene por un momento elevado por encima de sí mismo, y percibe
el mundo de lo divino y eterno, para volver después al horizonte normal de la
existencia; es una superación momentánea del ámbito del alma y de sus
facultades perceptivas. Pero no es un encuentro con una persona que se acerca a
mí desde fuera. Pablo ha distinguido sus experiencias místicas (su elevación
hasta el 3er cielo de 2 Cor 12,1–4 y el encuentro con el resucitado en el
camino de damasco, que fue un acontecimiento en la historia, un encuentro con
una persona viva).
2. Así, ¿Qué podemos decir de la
naturaleza de la resurrección de Cristo?
* Que es un acontecimiento dentro de la historia que, sin
embargo, quebranta el ámbito de la historia y va más allá de ella. Algo así
como una especie de <salto cualitativo> radical en que se entreabre una
nueva dimensión de la vida, del ser hombre. El hombre Jesús, con su mismo
cuerpo, pertenece ahora totalmente a la esfera de lo divino y eterno. Las
cartas de la Cautividad de San Pablo pretenden decir esto cuando hablan del
cuerpo cósmico cósmico de Cristo…(Col 1,12–23 y Ef 1,3–23).
* A partir de esto, hay que afrontar el tema de la
resurrección como acontecimiento histórico; la resurrección de Jesús va más
allá de la historia, pero ha dejado su huella en la historia. Por eso puede ser
refrendada por testigos como un
acontecimiento de una cualidad del todo nueva.
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