Maria en la palabra

MARIA EN LA PALABRA DE DIOS    Textos biblicos marianos

Resumen del Cuaderno del P. Ernesto Bravo, Secretario Ejecutivo de Fe y Ecumenismo de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, CEE, 8/set/1987, Quito)

1ra. parte: lo que debemos saber sobre María

*    Mujer excepcional,
Desde su inmaculada concepción hasta su gloriosa Asunción: virginidad extraordinaria, fecundada milagrosamente por el Espíritu Santo, es la Madre del Mesías esperado por siglos, Madre del Redentor, Madre de Dios; llevada en cuerpo y alma al cielo.

*    Consoladora,
Cuando nos aprieta la necesidad, nos sacude la miseria; cuando sentimos fervor la reconocemos como nuestra Madre. Recordamos el encargo de Jesús moribundo. Le dice a ella: ahí tienes a tu hijo, y nos dice a nosotros: ahí tienes a tu Madre (Jn 19,25–27). Esta es nuestra madre Dolorosa, que nos acompaña en el camino de la vida

*    Cristo y María,
Están siempre asociados, ad Jesum per Mariam. «María después de Cristo, ocupa en la Iglesia el lugar más alto y a la vez el más próximo a nosotros…» (LG # 54). Paulo VI en la Marialis Cultus: «La liturgia puede ser tomada como modelo para impedir toda tendencia a separar –como ha ocurrido en la piedad popular– el culto a la Virden de su necesario punto de referencia» (MC #4). María es testigo singular del misterio de Jesús. Hagamos que María nos tome de la mano, nos haga sentir su calor, y nos guíe a través de nuestro cristianismo.

*    El Compromiso con Dios,
Que la Madre de Dios nos hable de su compromiso con Dios. María libremente aceptó y entró en los planes salvíficos de Dios. Que la Virgen nos hable de la libertad que se consagra a Dios, quedando totalmente rendidos a El.

*    Lo antiguo y lo nuevo,
María está entre el AT y el NT y es puente entre los dos; comienza con Abrahán remata con Cristo, prolongándose con la Iglesia.

*    Pueblo de Dios o Iglesia,
No existe todavía la Iglesia, pero ya es María la primera Iglesia viviente porque ella es la casa de Dios, sagrario del EspSanto, morada de Cristo y arca de la Alianza.

*    La mujer,
Como mujer, es la realización plena de la mujer. En esta época de «estrellas» y «modelos», que las mujeres copian sin vergüenza; de liberación femenina, es Ella el modelo supremo de la mujer. Como dice San Agustín «La gloria y ufanía del sexo masculino está en la humanidad de Cristo, y la gloria y ufanía del sexo femenino está en la Madre de Cristo. Nunca llegó tan alto la mujer que cuando fue exaltada con María, como inmaculada, como virgen intacta y fecunda, modelo por igual de las jóvenes y casadas.

2da. parte: María en la Palabra de Dios.

«La necesidad de una impronta bíblica en toda forma de culto es sentida hoy día como un postulado general de la piedad cristiana. El ejemplo de la tradición y de la moción íntima del Espíritu orientan a los cristianos de nuestro tiempo  a servirse cada vez más de la Biblia como del libro fundamental de oración y a buscar en ella la inspiración genuina. El culto a la Virgen Santísima no puede quedar fuera de la dirección tomada por la piedad cristiana; al contrario, debe inspirarse particularmente en ella para lograr nuevo vigor y ayuda segura». (Marialis cultus, MC, #5)

Cuando parecía que todo estaba dicho en torno a la Virgen, aparecieron pioneros con nuevas pistas de estudio mostrando ricas posibilidades. Max Thurian (protestante) con «María Madre del Señor, figura de la Iglesia» 1962; Lucien Deiss con «María, hija de Sión» 1959; anterior a ambos, René Laurentin con «Estructura y teología de Lucas I–II, estudio de teología bíblica sobre el Evangelio de la Infancia.

1    El protoevangelio

El Antiguo Testamento es la preparación de Cristo: está todo lleno de El. Y claro, muchas profecías colocan junto a Cristo, también a su Madre. El más célebre es el llamado Protoevangelio: Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: ella te quebrantará tu cabeza mientras que tú acecharás su calcañar. (Gn 3,15).

San Juan, por su parte, así nos la presenta: Un gran signo apareció en el cielo: Una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de 12 estrellas sobre su cabeza; está encinta y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Y apareció otro signo en el cielo: un gran Dragón rojo con 7 cabezas y 10 cuernos, y sobre sus cabezas 7 diademas. Su cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto lo diera a luz. La mujer dio a luz un hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro, y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada mil doscientos sesenta días. (Ap 12,1–6)

Frente a Adán y Eva, los vencidos, se yerguen los vencedores que reparan la caída: Jesús Salvador y su Madre. San Pablo nos dice: Y el Dios de la paz aplastará bien pronto a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro señor Jesucristo sea con vosotros» (Rom 16, 20).

2    La nueva Eva:

*    Contraposición entre Jesucristo y Adán: «Si por un hombre vino la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Del mismo modo que por Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo» (1Cor 15, 20). El Sirácida nos dice: De la mujer vino el mal y por su causa todos morimos (Si 25,24). La falta de fe de Eva, que no cree en Dios, y se fía del demonio, queda reparada por María, que cree a Dios y tiene fe en el mensaje del ángel. Eva se aleja de Dios, María merece llevar a Dios en su seno y es causa de salvación para todos. El pecado empezó por la mujer y de allí alcanzó al hombre; así la salvación y la vida comienza por la Mujer, María. Nuestra ruina se originó por el diálogo de Eva con el demonio; nuestra salud comienza con el diálogo de María con el ángel de la Anunciación.

3    Inmaculada Concepción:

*    Primero Eva y luego Adán desobedecen a Dios en el Paraíso y rompen la armonía de la creación. Depositarios de los bienes materiales y sobrenaturales de la humanidad entera, introducen el mal en el mundo, el pecado y la muerte. Todos ahora nacemos, inficionados en la fuente, con un pecado de origen. Lo dice San Pablo: «Así como el delito de uno solo trajo sobre todos la condenación, así la justicia de uno solo procura la justicia que da la vida. Así como por la desobediencia de uno solo todos quedamos hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos» (Rom 5,18–19) Por ese pecado somos naturalmente «hijos de ira» (Ef 2,3) Esto es lo que decía el Salmista: «En culpa nací y en pecado me concibió mi madre» (Sal 51,5).

*    Pero María, por estar destinada a ser el sagrario del Hijo de Dios, fue preservada de todo pecado, desde el primer instante de su concepción. Fue siempre santa y pura, no por sí misma, sino porque fue destinada desde siempre a ser la madre del Redentor. Fue redimida con una redención preservativa: María podrá gozarse en su Salvador (Lc 1,47) «porque no ha permitido que el enemigo se gloriase sobre ella» (Sal 41,12) Esta es María, para siempre privilegiada: en el mismo Edén idílico del principio se alza en profecía la figura blanquísima de la Inmaculada. Por eso el ángel de la Anunciación le dirá que ella «ha obtenido gracia ante Dios» y la declara «llena de gracia» (Lc 1,28–30) Ella, la Vencedora, estará ante nosotros para alentarnos en nuestras tentaciones y sostenernos a fin de que seamos, también, vencedores.

*    Oración de alabanza: Darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, porque libraste a la Virgen María de toda mancha de pecado original para que, en la plenitud de la gracia, fuese digna Madre de tu Hijo y comienzo e imagen de la Iglesia, Esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura. Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que, entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad. (prefacio de la fiesta)  

4    La llena de gracia:

*    María es saludada por el ángel de parte de Dios como «llena de gracia» (Lc   1,28)
*    Abraham decía con temor y humildad «…si he encontrado gracia ante ti…»; de  María se dice –y de parte de Dios– «…has encontrado gracia ante Dios». (Lc1,30)
*    María ha sido objeto de la bondad de Dios, es pieza capital en los planes de Dios;    preparada por Dios para grandes cosas y para que grandes maravillas  se realicen   por su medio (Lc 1, 49).
*    San Pablo ponderaba haber sido elegido desde el vientre materno (Gal 1,15) y decía que para Dios no hay improvisaciones: Por la gracia que se nos dio en Cristo antes de  los tiempos eternos. (Tim 1,9)
*    La gracia de María le vino desde la eternidad porque allí Dios dispone sus planes y elige colaboradores; ¿Qué es la gracia? Es el favor y la complacencia de Dios: la exaltación de María es la exaltación de Dios. La gracia es amistad, comunión, inhabitación,   intimidad. María es todo esto en grado sumo porque es “llena de gracia”. Es el monumento más excelso de la redención de Cristo. La razón de todo esto: ha sido escogida  para Madre de Dios.

5    “La madre de mi Señor”:

*   Todas las excelencias de María nacen de su función de MADRE DEL SALVADOR. Quiere decir que Jesucristo es Dios y que Jesucristo nació de María, luego ella es su madre.

*   En Jesucristo hay dos naturalezas, divina y humana. Hijo de David según la carne y  por la descendencia natural (Rom 1,3) nacido como los demás, de una mujer (Ga 4,4). Pero ese hijo de María (Mc 6, 5) es también el Hijo verdadero de Dios (Mc 1,11); más aún, Él es el Hijo Unigénito de Dios,  igual en gracia al Padre (Jn 1,14.18); Él procede de los Patriarcas de Israel, según la carne, porque es hijo ver dadero de María; pero por encima  de su condición de hombre, Él es Dios bendito por        los siglos (Rm 9,5); Él ha recibido el nombre sobre todo nombre (Nombre exclusivo  de Dios) (Fil  2,9–11) y es el Hijo de María. Sí, Jesús es Dios (Jn 20,28), aunque no nos hayamos dado cuenta de ello sino a partir de su resurrección (Rm 1,4; He    2,36; Fil 2,9–11)
*   Así, pues ¿Tiene Dios una Madre? Dios la tiene en Jesucristo. ¿Puede   Dios nacer? Dios, como tal, no puede nacer, pero Dios nació como hombre, de María. Dios como tal no puede morir, pero en cuanto hombre   murió en la cruz (1Cor 2,8).

*   La Biblia misma, por medio de Isabel, llena del Espíritu Santo, llama a María «Madre de mi Señor» (Lc 1,43); en el lenguaje de la época «el   Señor» es usado para sustituir el nombre de Dios (Yavé). Por eso, sin más         los autores del NT aplican a Cristo los textos que el antiguo decía de Yavé:     Rom 10,9–13: Si crees que Jesús es Señor, serás salvo, pues todo el que        invoque el nombre del Señor será salvo (En Joel 3,5 se da este trato a     Yavé).
            (Col 2,9; 1Jn 5,20: Mt 3,17 + 17.5; Lc 9,35)

6   La visitación:

*   Su primer pensamiento, después de la anunciación del Ángel, es visitar a su prima Santa Isabel, que vive con Zacarías en un caserío montañoso (8 Km de Jerusalén a 3 o 4 días de camino). El encuentro es el de una anciana convertida en madre del Precursor de Cristo por el poder de Dios, con una casi niña convertida prodigiosamente en Madre ya del Salvador del mundo. Luego, el diálogo sublime al entrar María en la casa: Shalom (Lc 10,5/Mt 10,2ss) y la efusión exaltada de Isabel, que imbuida del Espíritu Santo, es la primera en reconocer a la Madre de Dios: Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre (Lc 1,41–42): es el complemento de los elogios del Arcángel Gabriel del que resultó el Avemaría, que todo cristiano repite en loor a María.

*   Prosigue Isabel con ¡dichosa tú por haber creído! dándonos la clave de la actitud espiritual de María, la fe, que nos guía con inmortales reflejos.

*   La visita de María es mucho más que una visita: un acto de servicio y amor a su prima que es una anciana en su 6to mes de embarazo y que necesita de ayuda. El amor son obras y no palabras (1Jn 3,18): el que ama a su hermano ha pasado de la muerte a la vida (1Jn 3,14; 1Jn 4, 7–8). María es la adelantada del amor y del servicio por que al recibir al Salvador en su seno ha recibido la nueva vida (1Jn 4,9; 1Jn 4,12) Dios permanecía en ella y ella en Dios. Porque si no amaba al prójimo a quien veía ¿Cómo podría amar a Dios a quien no veía? (1Jn 4,16).

*   María no solo asiste con su servicio material sino con su alegría espiritual; es el mismo gozo que anunciarán los ángeles en el nacimiento (Lc 2, 10–11). Por eso Isabel se llena de alegría con su presencia y con la voz de su saludo salta de alegría también el niño que lleva en su seno (como lo había anticipado ya Zacarías (Lc 1,15). María lleva a Cristo Redentor y con ello lleva la alegría y salvación a los que se acercan a ella. ¡Ese papel cumplirá también María en nosotros!

7    La Siempre Virgen María

*   María Virgen antes del parto.   Fue virgen toda su vida. Hablamos de la virginidad física, acompañada siempre de la virginidad espiritual. Esto es lo que hizo preciosa la virginidad de María. Se toma como modelo de la fidelidad a Dios. Apartarse de El se considera un adulterio. Ante el anuncio del ángel, dice claramente ¿Cómo puede ser esto si yo no conozco varón? El Ángel le da las explicaciones: en ella se va a realizar un prodigio y un misterio: será madre pero milagrosamente conservará su virginidad (El EspSanto vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te envolverá en su sombra (Lc 1,35). En el anuncio a José habrá las mismas explicaciones: Antes de convivir juntos, ella ya había concebido en su seno por obra del EspSanto (Mt 1,18–20)
        San Mateo añade que con ello se cumplía lo del profeta: He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le llamará con el nombre de Emanuel, que se interpreta Dios con nosotros (Is 7,14; Mt 1,22–23)

*   María Virgen en el parto. Después del parto sigue siendo virgen. Del   mismo modo que el rayo de sol     atraviesa el cristal. Como Cristo resucitado pasa a través de las paredes del cenáculo (Jn 20,19). La actividad  de María después del parto (Lc 2,7) envolviendo a su Hijo recién nacido parece indicar lo mismo: María no ha sufrido ninguna quiebra en su virginidad.

*   María Virgen después del parto. Los protestantes creen probar que María no ha permanecido virgen, pues la Biblia habla de los hermanos (Jn 2,12; 7-7–3; Mc 3,31; He 1,14; 1Cor 9,14) de Jesús: de donde deducen que éstos son hijos de María. Vale la pena ver (Mc 6,3=Mt 13,55: No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de El.) el texto en que se nos dan los nombres de los pretensos hermanos de Jesús: Santiago, José, Simón y Judas.

Por el texto de Jn 19,25 sabemos que la Virgen tenía una hermana, la mujer de Cleofás, que se llamaba también María. Esta María era, según Mc 15,40=Mt 27,56, la madre de Santiago y José. Eran, pues, sobrinos de la Virgen María y primos de Jesús. Además, la palabra «hermano» en         la Biblia no tiene la precisión que tiene en español. Véase 1Cor 15,6: Después se apareció (Jesús resucitado) a más de 500 hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos ya han muerto. ¿Vamos a pretender que María había tenido 500 hijos?!! Es una ligereza imperdonable querer sacar un argumento de la designación de «hermanos».

Para terminar, recogemos los dos argumentos más fuertes de la virginidad de María: a) La firme resolución suya de permanecer virgen, incluso estando casada. Esto explica su sorpresa ante el anuncio angélico de que va a tener un hijo: ¿Cómo sucederá esto siendo así que yo no conozco     varón? (Lc 1,34). Esta frase de María, que estaba desposada con José (Lc1,27; Mt 1,18) solo puede significar una resolución firme de permanecer virgen. Algunos hablan de un voto de María. b) Hay un texto en el profeta Ezequiel que dice: Esta puerta permanecerá cerrada…nadie ha de penetrar por ella porque el Señor Dios pasó por ella (Ez 44,2) Este versículo nos habla de lo que podríamos llamar «la sicología de Dios». Después de     la concepción y alumbramiento del Hijo santísimo de Dios, el seno y  cuerpo virginal de María no podían ser entregados a vulgares amores humanos. Así lo requería la dignidad divina.

8    Sentimientos de su alma

*    Turbada ante el saludo del Ángel, por su natural sencillez, candor y     recato.
*   Reflexiva, sobre qué podía significar todo lo que estaba pasando.
*    Diligente porque su actitud reflexiva no embota su capacidad de acción: no pierde tiempo sino se apresura a emprender viaje, sola, a la casa de su prima para ayudarla en todas las necesidades de una embarazada sola, anciana y sin ayuda.
*    Angustiada, cuando pierde a Jesús en Jerusalén.
*    Reverente, cuando dice al Ángel: He aquí la esclava del Señor.
*    Guardadora en su corazón de todas las experiencias que iba atesorando, como mujer de espíritu profundo.

9    María en el nacimiento de Cristo

      a.    Acompañemos a María en sus meditaciones junto al recién nacido que sonríe (o llora). Jesús nacería en Belén y cumpliría las profecías (Mt 2,5 y Miq 5,1): Herodes se sobresaltó sobre dónde habría de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: en Belén de Judá porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo de Israel. Obediencia de Jesús al Padre y a sus planes eternos.

       b.    Misterio también de pobreza: difícil encontrar mayor pobreza que la de María y Jesús, que nace en una pesebrera. ¡Bienaventurados los pobres…! proclamará Xto (Mt 5,3; Lc 6,20) pero antes Él escogió la pobreza (2Cor 8,9) y vivió en un hogar pobre.

       c.    Es también el misterio de la alegría: María entrega a los hombres la alegría; Xto viene trayendo la Buena nueva y los ángeles cantan: vengo a anunciaros una buena nueva para todo el pueblo (Lc 2,10); gloria a Dios y paz (Lc 1,14). La glorificación de Dios trae la paz a los hombres (Is 66,12);
       Xto mismo viene como la glorificación suprema del Padre (Jn 1,14) y El es a la vez la paz (Lc 19,9) de los individuos, de las naciones y del mundo (Jn 17,27) y María es el centro de todos estos misterios.

10   María en la presentación

       María lleva a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor (Lc 2,22), como un homenaje a Dios. Es un acto también de humildad, por la ley de la purificación (que no obligaba a María ya que era la Madre intacta que había concebido virginalmente y no necesitaba de purificación). Cristo ha querido hacerse en todo semejante a los hombres (Fil 2,7), sujeto a la ley (Ga 4,4). María sigue estas huellas, además adoctrina a Jesús niño en el respeto a la ley.

       San Lucas ha juntado dos sucesos en una sola escena: la purificación (Lv 5,11 + 12,1–8) y la consagración de los primogénitos y su correspondiente rescate. Dios había castigado con muerte a los primogénitos de los egipcios y salvado a los de los hebreos. Cuando el día de mañana tu hijo te pregunte qué significa esto, le dirás: con mano fuerte nos sacó Yahvé de Egipto, de la casa de la servidumbre. Como el Faraón se obstinaba en no dejarnos salir, Yahvé mandó a todos los primogénitos en Egipto, desde el primogénito del hombre hasta el primogénito del ganado. Por eso sacrifico a Yahvé todo macho que abre el seno materno y rescato todo primogénito de mis hijos (Ex 13,14–15).
       Esto conllevaba la obligación de servicio: en el templo, como lo hizo Samuel (1Sam 1,24); para librar sede esta obligación los primogénitos debían ser rescatados a precio de una ofrenda. Esta es la ceremonia que cumple aquí María, presentando a su hijo como primogénito suyo y de la humanidad. Ahí está el Señor que por 1ra vez entra en su templo y entra en brazos de María. Simeón les recibe: Mis ojos han visto tu salvación, la que has preparado ante los pueblos (Lc 2,30). Una división tremenda se va a ahondar porque este niño está puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel (Lc 2,34). Una espada de dolor te traspasará el alma le dice a María el viejo Simeón (Lc 2,35). María va a participar en la pasión de su Hijo. La imagen de la Dolorosa está clara.

11   María en Nazaret
                       
       María es el modelo de la mujer y como la síntesis maravillosa de las posibilidades que se albergan en ella.
       a.    Doncella pura y virgen intacta, es el Arca incorruptible de la Alianza Nueva y Eterna entre los hombres y Dios, ya que en su seno se dieron cita la humanidad y divinidad.
      b.     Esposa: aunque fue un matrimonio virginal por acuerdo mutuo, María y José fueron verdaderos esposos (Luc, 2,5; Mt 1,19):
      c.     Madre, verdadera de Cristo, que quiso una madre normal (Lc 1,38); María aceptó esta posición (Lc 1,38) y fue la Madre del Redentor en el gozo y en el dolor (Lc 2,34-35).
      d.    Educadora de Jesús en la piedad y oración, ya que Jesús quiso vivir en todo sujeto a la Ley.
      e.    Vida de trabajo, con Jesús y José, porque tenían que vivir de su trabajo.
      f.    María, lazo de unión y amor en esta familia, en donde no habrían de faltar los problemas y situaciones corrientes en una familia de Nazaret.

12  El carpintero de Nazaret

    a.    Esposo verdadero de María (Mt 1,16; 18–24; 2,13–19: Lc 1,27; 2,4) y como tal ligado a María con amor verdadero  e indisoluble. Todo cuando tenía, lo puso a disposición de ella.
    b.    Su matrimonio fue excepcional: escogido para proteger el secreto de la virginidad de María; habría de ser como la Nube que protegía el Arca donde habitaba Dios (IRy 8,10–12; 2Cron 5,13; 2 Mac 2,8); solo dos almas excepcionales pudieron realizar este misterio en la tierra, porque José fue virgen como María.
    c.    Todo cuando tenía su esposa era suyo también: cuando ella concibió por el Espíritu Santo al Salvador, este Hijo de María fue legalmente de José; José lo acogió y vivió en la intimidad con El y con El se enriqueció espiritualmente.
    d.    Jesús y María obedecieron a José (Lc 2,51); Jesús obedeció en la  tierra a su padre José, como obedecía en el cielo a su Padre Dios (Jn 8,29).
    e.    Jesús nace, crece y se desarrolla a la sombra de José y de María.
    f.    Jesús, como José, trabajaba con sus manos para ganar el sustento de la familia.
    g.    José era hombre justo (Mt 1,19) y se sentía indigno de acercarse a los misterios de Dios; de ahí su reacción ante el embarazo de María.
    h.    Veló por Jesús niño, le protegió de los peligros y fue al destierro por salvar su vida y la de María. Murió en sus  brazos y los de José: con razón el pueblo cristiano le ha proclamado patrono de la buena muerte.

13    En las bodas de Caná

    a.    El banquete de una boda (alegre en todas partes) es el símbolo del reino de Dios (Mt 22,2/Lc14,15ss/Mt 8,11/Apc 3,2; 19,9/ Is 25,6). Allí está Jesús con sus discípulos y María, como invitados. Jn 2,1–2: Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y está allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y no tenían vino porque se había acabado el vino de la boda. Le dice a Jesús su madre: «no tienen vino». Jesús le responde: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora. Dice su madre a los sirvientes: «haced lo que él os diga». Había allí 6 tinajas de piedra, puestas para la purificación de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: «llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. «Sacadlo ahora –les dice– y llevadlo al maestresala». Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían, llama el maestresala al novio y le dice: «todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora. Tal comienzo de los signos hizo Jesús en Caná de Galilea y manifestó su gloria y creyeron en él sus discípulos.
    b.    En el segundo plano de la escena hay varios personajes: los convidados, los criados, el maestresala, pero el primer plano de la escena ocupan María y Jesús mismo. Este pasaje nos va a mostrar qué puesto ocupa María, su Madre bendita, ante Cristo nuestro Señor.

    c.    María se percata del problema que empieza a crearse por la falta de vino; la fiesta y la alegría va a tener un fin abrupto; bochorno para los novios. María bondadosa y previsora quiere evitar vergüenza a los novios y frustración a los invitados. Con mucha discreción se acerca a Jesús y le susurra al oído: ya no tienen vino. No le pide nada, tan solo le expone esta necesidad. Ella conocía a su Hijo; podríamos decir que este modo de pedir le gusta a Cristo. En otro tiempo las hermanas Martha y María le harían llegar el sobrio mensaje: aquel a quien amas está enfermo; creen que esto les basta, pues conocen a Cristo. Esto es humildad y respeto a Dios, que sabe mejor que nosotros lo que nos conviene. Aquí Jesús da a María una respuesta que parece un rechazo: «¿qué nos va a mi y a ti, mujer.

    d.    Esta contestación desconcertante debió matizarse con la expresión del rostro y el tono de voz, pero Jesús añadía una frase de trascendencia teológica: todavía no ha llegado mi hora. «Mujer» no es término despectivo sino un tratamiento noble que en la literatura griega se empleará para las reinas y mujeres distinguidas; es el mismo tratamiento que aparecerá más tarde, en el momento supremo de amor cuando –llegada la hora– se dirija a ella desde la cruz para decirle: «mujer, ahí tienes a tu hijo», tratamiento que recoge las resonancias teológicas de la escena del Paraíso con el pongo enemistad entre ti y la mujer (Gn 3,15), como Pablo simplemente expone: Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo nacido de mujer (Ga 4,4); este mismo término «mujer» aparece en el Apocalipsis (Apc 12, 1–6) en el momento en que la madre del Mesías da a luz al Hijo que, arrebatado al trono de Dios ha de regir con vara de hierro a las naciones, y ella se dispone a enfrentarse en la gran lucha con el Dragón.

    e.    La hora de Jesús no ha llegado todavía: parece inútil insistir; el milagro no se hará, pero…se lo ha pedido su Madre y Jesús anticipa la hora para agradarla. ¡Todo lo ha hecho bien! La gloria de Cristo brilló luminosa y sus discípulos creyeron en El. Volvió la alegría y la fiesta. María no aparece en escena, pero queda patente su poder de intercesión: ella es la Omnipotencia Suplicante porque a su súplica se abren las puertas de Dios. María se revela como el puente entre los hombres y Cristo; ella al mismo tiempo acerca el poder de Cristo hacia los hombres. Véase lo que dice la LG (6) en donde con esta oportunidad califica a María como Abogada, Auxilio de los Cristianos y Mediadora.

    NOTA: para mí siempre ha sido un misterio teológico aquello de que se haya anticipado la hora de Jesús cuya vida, pasión y muerte estuvieron trazadas en sus mínimos detalles por la providencia del Padre… ¿Cómo pudo anticiparse la providencia del Padre sobre la vida de su Hijo? ¡Lo que ocurrió por la sugerencia de María –que no pedido siquiera– deja patente, en todo caso, el inmenso poder de la Madre ante Cristo, su hijo!

14    Las 7 palabras de María (Solo 7! Son un tesoro)

    1.     ¿Cómo podrá ser esto puesto que no conozco varón? (Lc 1,34). Nos habla de su virginidad, que ella colocaba por encima de todo; dispuesta incluso a renunciar a la dignidad de Madre del Señor, pues con su virginidad se había consagrado a Dios. Un hermoso ejemplo para nuestro mundo rodeado de lujuria y pornografía.
    2.    He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra (Lc 1,38). María escogida para una dignidad inaudita, no sabe sino humillarse, y se proclama la esclava del Señor; es ejemplo de humildad y de sumisión a la voluntad de Dios. Jesús nos enseñó a pedir: hágase su voluntad (Mt 6,10) Esta misma oración hará Cristo en los momentos más angustiosos de su vida (Mt 16,42; Lc 22,42: no se haga mi voluntad sino la tuya; su Madre nos había enseñado lo mismo, en perfecta semejanza.
    3.    La voz de su saludo (Lc 1,40ss) No conocemos el tenor de las palabras al entrar en casa de su prima.
    4.    Engrandece mi alma al Señor (Lc 1,46–55) y luego el Magníficat: canto a la gloria de Dios donde se unen la humildad de María y la plena comprensión de los planes de Dios. Alaba mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador. Porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava; por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada; porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero…
    5.    Hijo, ¿por qué has hecho esto? Mira que tu padre y yo te hemos buscado angustiados (Lc 2, 48). Despué de encontrar a su amor, una mezcla de gozo y reclamo…Es la noche oscura del alma; se queja la madre amorosamente: Por qué? Tiene derecho. Como en la noche oscura más densa, Cristo mismo preguntará: Padre! ¿Por qué me has abandonado? «¿A dónde te escondiste Amado, y me dejaste con gemido»? Es la exclamación de toda alma a la que se oculta el Amado, Señor. Pero lo buscará «con ansias en amores inflamada, como María.
    6.    No tienen vino (Jn 2,3). Le dice María como un murmullo, en su preocupación por las necesidades de los demás. La petición es humilde y sobria. Nos enseña a no pensar solo en nosotros. Si Jesús atendió esta insinuación de su Madre, bien podemos acudir a María, nuestra Madre, con nuestras peticiones.
    7.    Haced lo que El os diga (Jn 2, 5). Es lo mismo que dijo el Padre en el Tabor: A él escuchadle (Mt 17,5) La misma orden que dio el Faraón en Egipto, hablando de José (Gn 41,55); es lo mismo que dice María a los sirvientes, hablando de Jesús. Ad Iesum per Maríam:  A Jesús por María. Ella no quiere que nos detengamos en ella: quiere tomarnos de la mano y llevarnos a Cristo, su Hijo.

15    maría madre de la iglesia

La Iglesia es la obra creada por Cristo. San Pablo nos enseña que ella es la esposa de Cristo (Ef 5,32); es su plenitud y complemento (Ef 1,23); pero lo más desarrollado en la teología de San Pablo es la Iglesia como Cuerpo de Cristo (1Cor 12,12; Rom 12,4-5). Es es una realidad corporativa, en la que Cristo es la Cabeza (Col 1,18; Ef 1,22/4,15/5,23) y nosotros los miembros (1Cor 12,27; Rom 12,5; Ef 5,20). Esta es nuestra dignidad y responsabilidad más alta. Cuando hablamos de Cuerpo de Cristo, destacamos 3 cosas: Pluralidad (muchos miembros), diversidad (cada uno su función) y unidad  (es un solo organismo y su función se endereza al bien de todo el cuerpo). “La Iglesia es Cristo mismo prolongado y aplicado a través de los siglos” (Bossuet).
María no es madre solo de la Cabeza sino del Cuerpo, es decir del “Cristo total” (San Agustín). Antes de la anunciación de María no existe todavía Jesús, pero ya hay algo de Jesús en el mundo: de la carne y sangre de María vendrá Cristo; tampoco hay Iglesia, pero ya hay un germen. Por eso en Pentecostés, cuando nace la Iglesia María está allí (He 1,14 / 2,1ss) orando. Como Eva es madre de todos los vivientes, María es Madre de todos los redimidos:
Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre y la hermana de su Madre, María, mujer de Cleofás y María Magdalena (las 3 Marías). Viendo, pues, Jesús a su Madre y, junto a ella, al discípulo a quien amaba, dice a la Madre: Mujer, ese es ahora tu hijo; luego dice al discípulo: ahí tienes a tu madre, y desde aquella hora el discípulo la recibió como suya. (Jn 19,25–27).
En los dolores del Calvario María engendró a la Iglesia y fue la Madre de todos los fieles. María se une a los padecimientos redentores de Cristo. María en el Calvario dilata sus entrañas para recibirnos como hijos, según la herencia suprema de Cristo. ¡Nosotros hemos de recibirla como nuestra Madre!

16    maría y la muerte

¿Por qué morimos? ¿Por qué mueren nuestros seres queridos? ¿Qué hay detrás de la muerte? ¡Oh muerte cuán amargo es tu recuerdo! (Eclo 41,1) visita por igual el palacio como la casa del pobre. ¿Quién hay que no vea la muerte y quién puede librarse del sepulcro? (Sal 89,49) Desde que comienza a andar el pie sigue el camino de la muerte. También María se enfrentó con la muerte. Nuestro corazón es como un cementerio que pueblan las cruces de lo que perdemos.

María vio la muerte de su Madre Ana y su padre Joaquín. Asistió junto con Jesús al ultimo trance de José, su fiel compañero de alegrías y penas. Habrá llorado su muerte y se habrá sentido sola. Habrá meditado en que por el pecado del hombre entró la muerte en el mundo. Pensaba que las manos de  los justos están en las manos de Dios y aunque el cuerpo se pudra, su alma inmortal no sufre tormento. A los ojos de los hombres parece que han muerto y su partida parece una desgracia, pero de hecho ellos están en la paz. Son lo necios los que creen que con la muerte todo ha terminado, porque para los justos la muerte está llena de inmortalidad, (Sab 3,1-9).

María se acordaba de los gloriosos Macabeos que decían a sus verdugos: Tú nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo nos resucitará para la vida eterna (2Mac 7,9) El Señor destruirá la muerte para siempre y borrará las lágrimas de todos los rostros (Is 25,8).

Cuando supo que su hijo Jesús había resucitado al hijo de la viuda de Naín (Lc 7,11) y también a la hija de Jairo… comprendía que Cristo era el vencedor de la muerte. Ella supo de la resurrección de Lázaro en Betania y supo que Cristo dijo Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque haya muerto, vivirá y todo el que cree en mi no morirá para siempre (Jn 11,25). Cuando María supo que Cristo dijo con imperio Lázaro sal fuera (Jn 11,43), habría reconocido en ello la gloria de Dios y que la muerte iba perdiendo terreno en el mundo por Cristo.

Pero cuando María vio morir en la cruz a su Hijo Jesús, comprendió el misterio de la muerte: Cristo moría también con esa enfermedad contagiosa, contraída por Adán en la fuente misma de la vida. Cristo mismo había sentido ese frío del abandono y la muerte en la cruz, que le hizo exclamar: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado, grito que estremeció al cielo y a la tierra. Pero Cristo inauguraba para los suyos otra realidad: no es lo mismo morir como descendiente de Adán que como seguidores de Cristo. La muerte de Adán es el castigo y la de Cristo es la esperanza y la puerta que se abre a la luz y la inmortalidad, como lo demostró Pablo; Cupio disolvi, Para mí el morir es una ganancia (Fil 1,21). Esto no lo había dicho nadie antes, pero es general en el Cristianismo.

El que enseña a los hombres a morir, les enseña al mismo tiempo a vivir. De la muerte parte un rayo de luz que explica lo que es la vida. Nuestra liturgia dice sobre el difunto esta hermosa oración: Concédele que así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, como también con El la gloria de la resurrección. La muerte de Jesucristo, esto fue lo que María presenció: ojos que fijos vieron/ morir escarnecido/al mismo que, ofendido, fue precio del perdón. Ella sabía que lo que Cristo toca, lo transforma. La muerte para el cristiano es la puerta de la glorificación. Así un día lo proclamo jubilosamente Pablo: Deseo morir para reunirme con Cristo (Fil 1,23).

María meditaba: la muerte de Jesús fue la obediencia suprema al Padre (Fil 2,8). He llevado a cabo la obra que me encomendaste (Jn 17,4). Después de todo lo vivido, luego del abandono de los hombres y de Dios, llegaba al puerto de la confianza filial y decía: Padre en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23,47). La muerte y el dolor en la muerte de Cristo se habían convertido en redención.

Pero Cristo al tercer día (Jn 2,18; Mt 12,40; Mc 8,31) resucita de entre los muertos y se presenta a su Madre; la muerte para los cristianos en una muerte para resurrección, porque Cristo resucitó como primicia de los puertos, y tras ël todos están destinados a resucitar gloriosamente. Entonces hasta se puede hacer burla de los efímeros triunfos de la muerte: Se aniquiló la muerte para siempre, ¿Dónde está oh muerte tu victoria? ¿Dónde está oh muerte tu aguijón (1Cor 15,54). Todo ha cambiado para el cristiano. María incluso encara su propia muerte destinada a la resurrección gloriosa y a la vida imperecedera.

17    la asunción

Leemos en la Constitución Dogmática del Vaticano II, Lumen gentium: La Virgen Inmaculada, preservada de toda mancha de culpa original, al terminar el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial y  enaltecida por el Señor como Reina del Universo, para que se asemejara más planamente a su Hijo, Señor de los que dominan (Ap 19,16) y vencedor del pecado y de la muerte.
Uno de los misterios del Rosario es éste: es la voz de la tradición, la fe de la Iglesia la que mueve al Papa Pio XII, qa definir este dogma  en 1950. En estas definiciones no se pretende crear una doctrina o verdad nueva, sino al contrario garantizar que tal  verdad es antigua, que remonta a la época de los apóstoles. Esto atestiguaba la Tradición de la Iglesia, aunque no estuviera recogida en la Escritura. Es hermoso comprobar que la doctrina de la Biblia nos lleva en la misma dirección. Las bases seguras nos da Pablo: Si por un hombre vino la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Así como en Adán mueren todos, así en Cristo todos recuperarán la vida. Pero cada uno en su orden: Cristo las primicias, luego los que son de Cristo, cuando Él venga (1Cor 15,21–23).

Cristo ha anulado la muerte con la resurrección. El hombre –por Adán– es un ser destinado a la muerte; el cristiano –por Cristo– es un ser destinado a la resurrección. La tradión cristiana más antigua dice: Así como Eva, por su desobediencia fue causa de muerte para sí y para la raza humana, así María por su obediencia se convirtió en causa de salvación para sí y para la raza humana (San Ireneo). María, nueva Eva, está asociada al Nuevo Adán, según el texto del Protoevangelio: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya (Gn 3,15). Unidos en la lucha contra el enemigo, María y Cristo lo están también en la victoria. María resucitó y en cuerpo y alma fue a la gloria a reunirse con Cristo glorioso: la que había sido templo de Cristo no podía estar sujeta a corrupción, tenía que resucitar. Es la exaltación del cuerpo. Sí, de nuestro cuerpo, por obra de Cristo, encumbrado a la gloria. No se salva solo el alma, sino el alma y el cuerpo. La Asunción de María nos habla de esta exaltación del cuerpo.

18    «Ruega por nosotros»:

    1.    El rosario:
Una de las devociones más queridas del pueblo. Se lo reza en privado, en familia, en público. Medio de unión familiar (familia que reza unida…). Pedir por las necesidades del pueblo; la victoria de Lepanto…Una oración evangélica por excelencia: oración de alabanza en Alégrate llena de gracia… en donde se repiten las alabanzas del ángel y de Santa Isabel (Espíritu Santo)  y de petición en el Santa María, madre de Dios. Se nedita en los grandes misterios de la fe: gozosos, dolorosos y gloriosos. Valor trinitario de la doxología Gloria al Padre… Los protestantes dicen que no hay sino un intercesor entre Dios y los hombres (Tim 2,5: Porque hay un solo Dios y también un solo mediador entre Dios y los hombres. Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos) Verdad, pero no debe entenderse en forma estrecha porque:

      a)    en el Antiguo Testamento hay muchos hombres (Abraham, Moisés, etc) que interceden por sus pueblos o familias (Cfr María en la Palabra, pag 106)
        
      b)    en el Nuevo Testamento: María en las bodas de Caná (Jn 2, 1–11); Jesús alega que todavía no ha llegado su hora, pero no importa (Jn 2, 4) No separemos lo que Dios ha unido: Cristo acepta la intercesión de su Madre. Sigamos rezando Santa María madre de Dios, ruega por nosotros pecadores…etc

      c)    San Pablo en la cita de Tim se está refiriendo á la «mediación» en la salvación, mediación que exige una redención, lo cual es función exclusiva de Cristo Jesús; pero lo que pedimos a María es su intercesión o sea su oración por nosotros: «ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. No cabría desdeñar las oraciones de los santos por nosotros. (1)

      d)   Terminemos con la exhortación de San Bernardo de Claraval (Cfr ibidem p.107).

Queriendo afinar el concepto de «mediación» para distinguirlo de intercesión he consultado el Catecismo (CIC): bajo el tema mediador/mediación del Índice temático, tenemos:
*64 CIC: es la esperanza de salvación de Israel.

*618 CIC: La cruz es el único sacrificio de Xto. único mediador entre Dios y los hombres. Pero porque en su persona divina encarnada se ha unido, en cierto modo, con todo hombre, El ofrece a todo hombre la posibilidad de que, en una forma de Dios solo conocida, se asocie a este misterio pascual….Eso lo realiza en forma excelsa en su madre, asociada más íntimamente que nadie al misterio de su sufrimiento redentor. Mediador=salvador por la cruz; María la más excelsa.

771 CIC: Xto el único mediador estableció en este mundo su Iglesia Santa, comunidad de fe, esperanza y amor, como organismo visible. La mantiene sin cesar para comunicar por medio de ella á todos la verdad y la gracia. Iglesia=instrumento pàra la comunicación.

846 CIC: Fuera de la iglesia no hay salvación: ¿Cómo entender esta afirmación usada por los Padres? «Significa que toda salvación viene de Xto, cabeza, por la Iglesia, su Cuerpo». No podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Xto la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo no hubiesen querido entrar o perseverar en ella. Instrumento del Único Mediador, usado para la salvación=la Iglesia.

956 CIC: La intercesión de los santos: «Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Xto, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad…no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del Único Mediador, Xtto, los méritos que adquirieron en la tierra. Su solicitud fraterna ayuda a nuestra debilidad». Se separan dos conceptos el de mediación y el de intercesión. No lloréis, os seré más útil después de mi muerte (Santo Domingo); Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra (Teresa del Niño Jesús).

970 CIC: La misión maternal de María para con los hombres no disminuye o hace sombra a la única mediación de Xto. Todo el trabajo de María en la salvación de los hombres brota de la sobreabundancia de los méritos de Xto. Se separan mediación e intercesión.

    2.     Hay otras devociones.
 

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