¡A
Lucita, mujer de mi vida!
Jorge
Andrade JAN
La
conocí cuando mi vida, sola,
erraba
por las sendas del silencio...
¿Mi
corazón? Como un erial, sin hierba.
¿Mi
mente? Fría como el pensamiento.
La
conocí...y se acercó a mi vida,
juntó
a los míos todos sus anhelos,
me
tendió sus dos brazos amorosos,
me
dio su amor, su vida, por entero
y
sentí que mi ser se iba llenando
de
algo muy dulce, caluroso y tierno.
Frente
a un altar de blancas azucenas
nos
prometimos un amor eterno;
vibraron
en el aire las campanas
de
la marcha nupcial. Y de aquel templo,
unidos
como se unen dos hogueras,
salimos
a vivir nuestro embeleso.
Los
días y los meses han pasado...
Se
han perdido en el vórtice del tiempo.
La
historia es siempre prosa de la vida:
¿es
prosa o poesía la que tengo?
Señor,
por la mujer que me elegiste
con
infinito amor desde el misterio;
por
la que me ha rodeado de caricias
y
ha llenado de amor mi ser entero;
por
la que es miel cuando el fatal instante
nos
da su amargo trago de veneno;
por
la que ha fecundado el yermo campo...
con
el regalo de dos hijos tiernos.
Por
aquella que es hoy mi compañera
de
amor, dolor, pena y deseo;
¡por
aquella mujer, yo sé que existes
y
por ella, Señor, sé que eres bueno...!
Quito,
10 mayo 1970
No hay comentarios:
Publicar un comentario